Oxigenarse al aire libre en nuestra Coruña tiene ahora, en sus escasos grandes parques, un espacio que los coruñeses estamos descubriendo poco a poco, el denominado Parque de Oza, parque de O Corgo-A Cubela-Oza, una extensa finca que siempre estuvo en manos de particulares y perteneciente hasta 1912 al desaparecido ayuntamiento de Oza, anexionado a Coruña en el citado año. (En relación a la Cubela, todos recordamos hace veinticinco años que allí existía, próximo al Corte Inglés, un asentamiento chabolista gitano).
Y al referirnos a Oza y a su extenso antaño municipio, viene a nuestra memoria algo que desde hace más de veinte años nos recuerda una modesta pero firme asociación que reivindica la importancia y la historia de vecinos que eran de hecho coruñeses y coruñesas, así como sus instituciones propias, en siglos pasados.
Nos referimos a Bardos Cultural, que reivindica más y mayor atención a monumentos tan importantes como el faro de Oza, la iglesia-capilla (ambos restaurados en su día por la Universidade da Coruña), así como el ya tristemente derribado castillo de San Diego o la fortificación de Valparaíso. Igualmente, este colectivo de defensa de la historia y el patrimonio cultural del desaparecido municipio recuerda figuras de antaño como la familia Cermeño, al último alcalde de Oza Juan Rodríguez y a personajes que contribuyeron al progreso de una pequeña ciudad que precisamente se convirtió en grande al unirse a ella la comunidad del municipio luego anexionado.
Entre los trabajos destacables de la mentada asociación se encuentran varias denuncias por pérdida de algunos elementos arqueológicos del parque y el hecho cierto de la aparición -así lo expresa el incansable alma máter de la agrupación Bardos Cultural José Temprano- en el callejón de La Estacada (en la Marina) de piedras centenarias de O Corgo. Como colofón a este comentario, conviene decir que en Oza ya tenemos donde oxigenarnos gracias al excelente parque que adorna las laderas del monte.