Los ediles de Medio Ambiente e Infraestructuras insisten en la dureza de «Becky», que también causó destrozos en San Roque y Orillamar, y discuten sobre la balaustrada
12 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Los teléfonos de los concejales Nieves Vázquez, responsable de Medio Ambiente -que tiene la responsabilidad del mantenimiento del paseo marítimo-, y Esteban Lareo, titular de Infraestructuras, no han parado de sonar desde que el pasado domingo se encendiera la alerta roja por ciclogénesis explosiva. Becky se ha convertido en su peor pesadilla en los once años que llevan como ediles. «Es que nunca había pasado nada similar. Fíjate si habrá sido un temporal fuerte que se han visto afectadas zonas como la cala de San Roque y Orillamar, en la parte donde no hay escollera artificial, sino un muro de roca natural, que se han venido abajo», explica Nieves Vázquez.
Esteban Lareo no ha parado de recolectar partes de daños. «La calculadora echa humo», dice esbozando una mueca. La lista de reparaciones pendientes supera ya los doscientos mil euros de previsiones. «Lo más urgente era la retirada de los escombros para evitar que nuevos golpes de mar los convirtieran en improvisados proyectiles. Hemos devuelto la normalidad a las zonas de paso, aunque hay algunas que siguen valladas por precaución, a pesar de que algunos peatones, en un exceso de imprudencia, no respetan la señalización y se ponen en riesgo por no dar un pequeño rodeo de unos metros», afirma el edil de Infraestructuras.
Lareo recuerda con especial preocupación las imágenes que se pudieron ver el pasado martes, «cuando la gente se acercaba sin demasiadas preocupaciones a ver el espectáculo, exponiéndose a situaciones poco recomendables y desoyendo las recomendaciones de los servicios de la Policía Local y de Protección Civil, que hicieron un trabajo excepcional».
Vázquez Novo todavía no ha conseguido sacarse de la memoria los datos de las grandes olas que batieron la costa coruñesa azuzadas por Becky . «Es que los datos oficiales sitúan la ola significante en 12 metros, lo que implica que la ola cresta, siguiendo las explicaciones técnicas, pudo llegar a superar los veinte metros en algún momento», indica mientras Lareo asiente. «Solo hay que ver las fotos de La Voz para comprobar la virulencia del temporal, porque nunca habíamos visto nada parecido», refleja el concejal de Infraestructuras.
Sobre las críticas por la ausencia de una duna artificial en la playa que minimizara los riesgos, Nieves Vázquez niega la mayor. «Es que sí había una duna, lo que pasa es que era de un formato diferente al de otros años, siguiendo las recomendaciones de Costas», explica Vázquez. «Yo mismo mandé retirar las máquinas antes de que llegaran las grandes olas para evitar posibles daños», corrobora Lareo.
Pasos a dar
«Eliminar riesgos» es la frase que más repite Esteban Lareo. Él y Nieves Vázquez han sido los encargados de poner en marcha el comité de estudio para analizar si se repone la balaustrada destrozada o se buscan soluciones alternativas. «Estudiaremos lo que nos digan los técnicos municipales y los ingenieros para tomar una decisión que se ajuste al entorno y ofrezca la mejor solución posible», explica la edila de Medio Ambiente, que no descarta retirar la balaustrada.
Aunque algunas voces son partidarias de suprimir la separación pétrea entre el paseo y el arenal en la zona en la que apenas hay desnivel, Lareo sugiere la conveniencia de mantener la separación de espacios. «Es cierto que no hay mucha altura, pero alguna sí que hay y soy partidario de evitar cualquier posible accidente. ¿Cómo? No sé si será mediante una barandilla de aluminio, de fundición o cualquier otro material, pero eso lo dirán los técnicos». De momento, los operarios municipales siguen recorriendo todos los tramos de la fachada litoral para revisar los anclajes de las balaustradas y otros posibles daños. «Hablar de plazos para restaurar la normalidad es muy difícil. Lo haremos lo antes posible, porque ha sido una situación de emergencia y eso nos permite acortar los plazos», insiste Esteban Lareo.
Mientras, Lareo y Vázquez agradecen el esfuerzo y el trabajo de los servicios municipales de protección. Y echan de menos el apoyo de la Xunta. «Nadie nos ha llamado para ver si necesitamos algo», lamentan.