Las dos caras del comercio en la nueva era económica

Ángel Varela A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

Un recorrido por las tiendas topa con el pesimismo de los más veteranos y la fe de los que abren negocio para huir del paro

07 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Todos aquellos que han gestionado una tienda saben que es uno de los bienes materiales más parecidos a un hijo. Se la ve nacer, crecer y, si la suerte es contraria, también se la puede ver morir. Se la mima todo lo posible y se le ofrecen todas las posibilidades que el bolsillo permite para que triunfe. También, como pasa en el caso de los niños, a los propietarios de un comercio se les encoge el corazón cuando contemplan que a otro autónomo las cosas no le van bien. En muchas de las charlas que se mantienen con el dueño de una tienda, el sentimiento respecto a la pervivencia de los demás negocios es similar: «Cuando veo que alguien cierra me da una pena tremenda». Si se mira a los ojos del comerciante que lo está diciendo, se comprende que no es una frase hecha, sino un sentimiento colectivo.

Con los parámetros económicos actuales, los periodistas esperan un aluvión de frases pesimistas -que aparecen en muchas ocasiones-, pero también se encuentran con la ilusión de muchos autónomos que en plena recesión han apostado por llevar a la práctica una idea comercial generalmente salida de una larga estadía en las listas del paro. Y es que el autoempleo es una de las razones más poderosas para abrir una tienda. Es el caso de Nadia, propietaria de El Trenderete, un establecimiento de ropa situado en uno de los callejones que comunican las calles Real y Galera. «Trabajaba en el sector textil, pero la cosa iba muy mal por la crisis económica. Hace dos meses me decidí a montar mi propia tienda para salir de esa situación», explica. En los poco más de sesenta días que lleva detrás del mostrador, Nadia está logrando resistir, a la espera de que los meses de noviembre y diciembre le permitan sacarse un sueldo digno -con la campaña navideña como santo grial de la facturación anual-. Su situación, al lado de una gran calle comercial, le permite beneficiarse de un cierto tráfico de clientes sin que el alquiler se dispare. Apostar por diseños «diferentes» y lejos de la estética que ofrecen las grandes multinacionales son las principales armas de su estrategia comercial.

En un caso similar se encuentran los hermanos Cristina y Franco Pagnozzi, que a pesar de su apellido son tan coruñeses como el obelisco. Magenta es el nombre de la tienda de fotografía que abrieron en la calle San Andrés durante el mes de julio. «Llevaba tiempo en el paro, y como mi hermano es fotógrafo, decidimos coger el traspaso de este local», explica Cristina. La crisis económica les permitió negociar ventajas como un aumento escalonado del precio del alquiler y una rebaja en el precio del traspaso, que hace un par de años era cinco veces superior al que finalmente abonaron.

Aprovechar la crisis

El descenso de los alquileres debido al masivo cierre de locales que han sufrido antaño florecientes zonas como la calle Barcelona, Federico Tapia o San Andrés también ha provocado la llegada de comerciantes que hace unos años no podrían ni soñar con establecerse en esas geografías urbanas. En San Andrés, por ejemplo, la bajada de los alquileres ha permitido que una tienda de moda que se podría calificar de alternativa como Meriendacena se haya trasladado desde la escasamente atractiva para los comercios zona de Orillamar. «El cambio ha sido muy positivo hasta ahora, y lo hemos podido realizar por la bajada de los alquileres que han experimentado los locales de esta calle», explica María Vaca, dependienta del establecimiento. «La ubicación del negocio es fundamental, y nosotros en Orillamar sufríamos el escaso paso de gente, y eso que venían personas desde la otra punta de la ciudad porque les gustaba nuestra ropa», señala. El posible plan de peatonalización que maneja el Ayuntamiento es contemplado desde Meriendacena como «una buena oportunidad» para seguir creciendo en una calle en la «hace tres años sería impensable que pudiésemos estar nosotros».

Otros que también se felicitan de la peatonalización son Rubén Capelán y Berta Castiñeiras, que regentan La Monda en la calle de la Gaiteira. A pesar de que están contentos de la decisión que en su día tomaron de abrir su propio negocio, ven con preocupación algunos nubarrones en forma de crisis económica y apertura de nuevas áreas comerciales. «Se han puesto demasiadas», señala Rubén, al tiempo que analiza la actual coyuntura como de un cambio de prioridades a la hora de gastar el dinero. «La gente prefiere destinar sus recursos a temas como la alimentación antes que a la ropa, que se tiene como algo más secundario», explica. El «trato personalizado y la humanización del consumo» son sus armas para combatir a las grandes cadenas textiles. Aunque también reclaman que las autoridades locales mimen un poco más el comercio en detalles como una mayor tolerancia, por ejemplo, a la hora de sancionar a los coches aparcados en una calle peatonal cuando están descargando mercancía para la tienda.

El optimismo al poder

Otro ejemplo de que no solo las quejas dominan el sector es Chola, que acaba de trasladarse desde la zona de Juan Flórez a General Sanjurjo con la zapatería que lleva su nombre. Los generalizados descensos del precio del alquiler le permitieron mejorar su ubicación -«pedían el doble hace dos años, y además en el local anterior no quisieron bajarme el precio que pagaba a pesar de la crisis»-. Chola ha apostado por potenciar su negocio ante la bajada de actividad sufrida en Juan Flórez. «Ahora hay que currar mucho más que antes, sobre todo a la hora de buscar mercancía. Y luego hay que ofrecer un trato al cliente lo más personalizado posible. Por ejemplo, hay que acordarse de los clientes, llamarlos por su nombre y ofrecerles mercancía diferente. Además ayuda tener una buena decoración del negocio», explica.

Las misma filosofía aplica a su negocio Nieves Faraco, que regenta dos locales que responden por Psicodelia en la calle Real y en Dolce Vita. Conocedora de los dos principales ámbitos comerciales de la actualidad, Nieves señala que el perfil de la clientela del centro comercial es «distinto» al de una calle comercial del centro, a pesar de que también explica que el precio del alquiler no se diferencia demasiado. «De todas formas, los alquileres están sobrevalorados en general», afirma. Sobre las demandas que los comerciantes realizarán en la asamblea de hoy en Expocoruña, Nieves aplicaría una normativa diferente al aparcamiento del centro: «Debería haber zonas dedicadas a los comerciantes como existen las de residentes. Creo que la gente donde deja más horas su coche es en el lugar de trabajo y no en su casa, en donde suelen tener plaza de garaje». También implantaría la recogida de basuras en la puerta de las tiendas, que, debido a la gran cantidad de residuos que generan, no suelen gozar de grandes facilidades para llegar al contenedor más cercano.