El equipo azulgrana respondió con una goleada al Sevilla minutos después de la primera remontada madridista
31 oct 2010 . Actualizado a las 02:50 h.Hipermotivado salió el Barcelona en su casa hasta el punto de recibir a porta gayola a un rival que presuponía toro y acabó no siendo nada. El Sevilla nunca se metió en el partido y el Barça lo sacó en el minuto cuatro. Messi, por supuesto. A partir de ahí, sobraron los minutos, pero no los momentos.
El Barcelona jugó al ralentí, no le hizo falta más dada la genialidad personal de Messi al inicio del choque. Su juego era fluido, pero las ocasiones no eran incontestables. El Sevilla conseguía robar en ocasiones en el centro del campo, pero pocos metros después volvía a ceder la pelota, que regresaba a su origen, es decir, la penúltima línea de ataque azulgrana.
El Sevilla tardó tanto en reaccionar que ya no pudo. Messi volvió a cabalgar en solitario, cedió a Villa, que hizo lo propio, más recorte con la diestra y escuadrazo con la siniestra. Se acabó lo que se daba, por si quedaba alguna duda. Era el minuto veintitrés.
La primera mitad transcurrió como monólogo azulgrana, para deleite de los culés. Ni rastro de aquel Sevilla que enamoró por su velocidad, presión e intensidad en todas las líneas del juego. Ni rastro del efecto Manzano. Posesión, ochenta por ciento para los locales. Estaba todo dicho. O no. El sevillista Konko quiso asegurarse el fatal desenlace e, incapaz de detener a Pedro, se expulsó en el minuto cuarenta y cuatro. Todo psicología.
La necesitó Manzano en el descanso para motivar a sus muchachos. No pudo, el partido regresó con la misma pinta y echó mano del banquillo. Doble cambio. Dabo y Zokora, por Perotti y Luis Fabiano. Ni atisbo de recuperación. En el minuto ocho, con aparente gran dolor de corazón, Alves aprovechó un clamoroso error de Romaric en una cesión a su portero. Fiel reflejo de la entrega hispalense desde el minuto cuatro.
Sustituciones
Guardiola vio el momento de dosificar fuerzas, y sus jugadores el de acumular goles con vistas a un pulso final con el Real Madrid. El doble cambio Pedro-Xavi por Bojan-Mascherano zanjó el debate.
A pesar de ello, la inercia del partido dio lugar a más goles, como el segundo de Messi, que últimamente los marca a pares. Y más contra el Sevilla, que suele llevarse unos cuantos de sus visitas recientes al Camp Nou.
Apareció la ola en la grada del coliseo barcelonista, a la que se subió David Villa para anotar el quinto, un segundo antes que el pitido final. El Sevilla había dejado un par de contragolpes con los que pretendía remendar su dignidad. No lo consiguió.