Los furtivos volvieron a tomar la ría

Rodri García A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

Durante la marea baja del mediodía de ayer, un grupo de personas extraían almejas, dos de ellas entre restos de chatarra, ruedas y muy cerca de una salida de residuales

12 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

«El día que mataron a Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana, después de haber asistido el día anterior a la boda de Ángela Vicario. Se dirigía al puerto para recibir al obispo que venía en barco para darle la bendición al pueblo...». Así arranca la novela de García Márquez Crónica de una muerte anunciada. El arranque de los cientos de crónicas que desde hace cuatro años, cuando el banco marisquero fue declarado zona C, se han escrito sobre el furtivismo en la ría de O Burgo suenan a final sabido, a reiteración, al «otra vez» con la que alertan desde la cofradía de Mariscadores cuando ven de nuevo como los furtivos esquilman el marisco. Quienes al mediodía de ayer se dirigían a tomar el sol en Santa Cristina, podían ver en las inmediaciones del puente del Pasaje los mariscadores ilegales aprovechando la marea baja para llenar sus bolsas de almejas.

La presencia de la lancha de vigilancia de la Xunta no era suficiente para preocupar a un buen número de personas que estaban faenando en distintos lugares de la ría. Dos de ellos lo hacían cerca de las ruinas de la conservera celta y, tras mirar desafiantes a quienes pasaban por el lugar, seguían llenando su bolsa con almejas, todas ellas con una casca oscura, como manchada. El mismo aspecto tenían las que extraían al lado del que parecía el motor de una lavadora, semienterrado, la rueda de un coche cerca del agua, una deshilachada sombrilla cubierta de fango y la tubería de un desagüe que parecía de aguas residuales.

El color oscuro del lugar donde los ilegales clavaban una y otra vez su herramienta no invitaban precisamente al consumo de aquel marisco.

También en la parte de arriba del puente del Pasaje, en la zona de la ría que limita con Oleiros, algunos furtivos se mezclaban con quienes salían a pasear a la orilla de la ría aprovechando el buen tiempo. Lo mismo ocurría en la zona más próxima al arenal de Santa Cristina donde el cubo con las almejas en una mano y el rastrillo en la otra revelaba que quienes las portaban no eran precisamente bañistas que iban a tomar el sol.

Los furtivos de ayer parecían haber olvidado el enfrentamiento que algunos de ellos mantuvieron el pasado jueves con agentes de la Policía Autonómica durante una amplia operación desplegada para impedir la actividad de los mariscadores ilegales; el resultado fue que uno de los dos jóvenes que se negaron a ser identificados resultó herido.

Ayer la subida de la marea expulsó a los furtivos, a quienes alguien les comprará un marisco en dudosas condiciones sanitarias y que volverán a esquilmar la ría. Será otra crónica anunciada, quizá la de la muerte de la ría de O Burgo.