Víacrucis al pie de una secuoia en el barrio más pobre y cosmopolita de A Coruña: «Aquí caben todos»

La Voz A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

El párroco de San Francisco Javier, recién nombrado abad de la colegiata, presidió la procesión de la Dolorosa y el Señor de los Milagros de Perú, sin capas ni mantillas, en el Agra y O Ventorrillo

04 abr 2026 . Actualizado a las 22:17 h.

Recién nombrado abad de la colegiata de Santa María del Campo de A Coruña y uno de los tres vicarios episcopales de Galicia, Severino Suárez Blanco no desatendió este Viernes Santo a los feligreses de la parroquia de San Francisco Javier, a los que sirve desde hace 30 años, ni a los de Nuestra Señora del Pilar, encomedados a su cuidado pastoral desde el 2011. Entre una iglesia y otra median 290 metros y 4 minutos a pie, aptos para las fuerzas del nutrido cortejo de vecinos, muchos de edad avanzada, que participaron en el viacrucis procesional, aquí sin capas, lutos ni mantillas, detrás de la Cruz y la Virgen de los Dolores.

«Le damos un aire procesional, con músicos que van tocando para marcar el paso, y cantando, rezando, con velas y los signos que nos piden las personas», explicaba sencillamente el Jueves Santo el párroco y abad de esta manifestación de fe en el barrio más cosmopolita y pobre de la ciudad. «Unas mujeres de Perú preguntaron si podían traer un estandarte del Señor de los Milagros. Claro que sí. Aquí caben todos», afirmó Severino Suárez, que también mencionó el manto de la Dolorosa, «muy valioso, bordado en oro por las monjas de clausura de Ferrol».

La procesión, descolgada del programa oficial de la Semana Santa coruñesa, terminó en la parroquia del Pilar, en cuya cabecera crece desde hace décadas, curiosamente desapercibida, la única secuoya de la ciudad, también emigrante americana.