La afluencia de público y el consumo en las casetas de los jardines de Méndez Núñez es elevado, aunque se nota que la gente trata de gastar menos que otros años.
18 ago 2010 . Actualizado a las 12:03 h.Cientos de personas se acercan cada día a los jardines de Méndez Núñez para disfrutar de la variedad gastronómica que ofrecen las Casas Regionales. No importa la caseta que sea, conseguir mesa resulta prácticamente imposible. Tanto, o más difícil que sentarse, es atravesar la multitud que se extiende en torno a las casetas y hacerse un hueco en la barra. Allí, uno se siente en primera línea de guerra, compitiendo contra decenas de personas para lograr ser atendido.
Los fines de semana el espectáculo mejora. Los cientos se convierten en miles, y las decenas en docenas. Hay tanta gente, que hasta el parque de los niños que hay al lado de las casetas se transforma en una ampliación no oficial del recinto, y acoge a familias enteras que debaten si son mejores las rabas de Cantabria o las puntillas de Andalucía. También los bancos cercanos, detrás de los puestos de la feria del libro, se transforman en mobiliario gastronómico. Están repletos de jóvenes, y no tan jóvenes, intentando atinar en el vaso con el chorro de sidra, o disfrutando de una ración de cecina de León.
Viendo un panorama como este, a uno le resulta complicado recordar que nos encontramos en un año de dificultades económicas.
Cantidades industriales
«Aquí no se nota la crisis», dice riendo Ángel Manuel García, que forma parte del personal de la caseta de Asturias. Especialmente viernes, sábados y domingos. En esos días, según sus cálculos, venden unas 1.200 botellas de sidra y más de mil bollus preñaos por jornada.
Pero no solo los asturianos se han dado cuenta de que, cuando se trata de comer y beber, en A Coruña la gente no se priva. En el puesto de Andalucía aseguran que «el consumo es continuo» y, además, «hay veces que piden en cantidades descomunales», señala María Fernández, una de las camareras. Vamos, que «aquí la crisis es lo último», comenta. Y es que se preparan unos 300 litros diarios de rebujito y cerca de cincuenta kilos de puntillas, y otro tanto de tortillitas de camarones.
Los de Castilla-La Mancha aseguran que «por el momento», ellos tampoco han notado la crisis. Algo de lo que no cabe duda cuando comentan que despachan «entre cincuenta y setenta kilos de migas, en días buenos», según apunta Adrián Bra Rivas, uno de los camareros. Y unos 150 litros de zurra manchega, hecha a base de vino blanco y otros ingredientes.
Otros, como los de Aragón, piensan que la crisis se nota, «pero no mucho». En cualquier caso, Pedro Candela, que trabaja allí, asegura que «el fin de semana se desfasa mucho y doblamos ventas». Begoña Rodríguez, pulpeira de Melide, coincide con ellos. Explica que vende un poco menos que el año pasado, pero tampoco se queja. Los fines de semana se consumen unos 150 kilos de pulpo cada día. Los de Cantabria, en cambio, han notado un incremento importante, pero influye el hecho de que «el año pasado en nuestro puesto teníamos un espacio más reducido», explica Manuel Villamor.
Indicios de crisis
Pese a todo, Javier Barroso, gerente de la caseta de Castilla-León, asegura que en su caso, se ha notado un bajón «de un 30 por ciento respecto al año pasado». Según explica, el problema no es la cantidad de gente que acude, que es «la misma o, incluso, más», sino que gastan menos dinero. Aún así, el negocio es rentable. Más de 100 litros de limonada y unas 80 tablas de embutidos y cecina cada día. También, María, de la caseta de Andalucía, se ha fijado en que este año «piden mucho medias raciones», algo que antes, no pasaba con tanta frecuencia.