Los ingresos por la construcción se redujeron un 91 por ciento en Culleredo
A CORUÑA
Hay datos económicos que son más espeluznantes que muchas historias humanas a causa de la crisis. El Concello de Culleredo ha visto desplomarse el sector de la construcción con un contundente 91 por ciento menos o, lo que es lo mismo, dos millones de euros que las arcas del gobierno de Julio Sacristán han dejado de ingresar.
En el año 2008, entre el impuesto sobre construcciones, instalaciones y obras (ICIO) y las tasas urbanísticas, el Ayuntamiento de Culleredo ingresó 2.300.000 euros. El año pasado, los mismos conceptos supusieron la pírrica cifra de 255.000. «El ICIO es una de las principales fuentes de ingresos de los ayuntamientos, especialmente de aquellos limítrofes con las grandes ciudades, como es nuestro caso», señala el concejal de Ordenanza Fiscal, Diego Taibo.
Al hilo de esa merma de ingresos, el Ayuntamiento de Culleredo ha reducido en algo más de un millón y medio su presupuesto (25 del 2009 a 23 del 2010). «Pero necesitamos bajar un total de tres millones para lograr el equilibrio presupuestario», añade Taibo. Precisamente el recorte de sueldos impuesto por el gobierno de Zapatero ayudará a alcanzar el objetivo, pero la medida en sí parece insuficiente. «Si aplicáramos el cinco por ciento, que seguro que será menos en la media de Culleredo, nos saldría un ahorro de 300.000 euros al año, con lo que estaríamos aún muy lejos», explica el concejal cullerdense. La clave estará en los gastos. «Ahí reduciremos teniendo en cuenta que hay que mantener las necesidades básicas como las limpiezas de las calles?», añade.
Sector transversal
Por otro lado, la disminución en el número de obras afecta al resto de la economía. «La construcción es un sector transversal y afecta a la hostelería, al comercio y otros muchos sectores. En lugar de lamentar el pinchazo de la burbuja inmobiliaria lo que debemos hacer es cambiar el modelo de producción», señala Diego Taibo. El edil recuerda que en España, el negocio del ladrillo supone un once por ciento del producto interior bruto, «una cifra que es una auténtica barbaridad sobre todo si pensamos que en la media de los países europeos la construcción supone un seis por ciento».