Un refugio para casos desesperados

Ángel Varela A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

El Hogar de Sor Eusebia nació en una casa cercana a la Torre en 1986. En 1996 estrenaron su sede en Bens, en donde tres religiosos atienden a casi sesenta residentes

20 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Atender los casos más difíciles y desesperados. Bajo esta premisa crearon el Hogar de Sor Eusebia en 1986 Carmen Rodríguez-Losada y José Vicente Martínez Rico, actual presidente de la institución, que pusieron su capacidad de gestión y sus recursos materiales a disposición de los demás. La pequeña casa en la que nacieron pronto se convirtió en un centro de refugio para todos aquellos que no tuviesen a donde ir, pero en 1996 las obras del paseo marítimo les obligaron a trasladarse a Bens. Allí el Ayuntamiento de A Coruña puso a su disposición 6.000 metros cuadrados y noventa millones de pesetas de la época para construir el nuevo Hogar. La asociación que promueve la institución llegó en aquel momento a un acuerdo con la orden de los hermanos Misiones de los Enfermos Pobres para que gestionasen el día a día de un centro que no podía permitirse la contratación del personal necesario para atender a los residentes.

Como el propio José Vicente Martínez explica, el Hogar no puede permitirse el lujo de depender de las subvenciones oficiales, que un año llegan y al siguiente pueden no llegar, ya que son ayudas que están a expensas de las directrices políticas del responsable de turno. Los cerca de cinco centenares de socios que tiene la asociación -que aportan diferentes cuotas en función de sus posibilidades económicas- son el principal sostén de la institución junto a donativos extraordinarios, que frecuentemente proceden de las herencias de personas que destinan una parte de su legado a que el Hogar pueda seguir funcionando.

Solo tres religiosos

La característica más sorprendente del Hogar de Sor Eusebia son sus escasos efectivos humanos. Son tres hermanos misioneros los que se ocupan de que el centro funcione, y solo tienen la ayuda de una cocinera y una trabajadora social, que se ocupa de los trámites administrativos que requieren los residentes. De supermanes se podría calificar a estas tres personas que tienen que lidiar día a día con las dificultades que pueden surgir de una comunidad marcada mayoritariamente por casos de enfermedades psiquiátricas, alcoholismo o enfermedades contagiosas como el sida.

Castidad, obediencia y pobreza son los tres votos clásicos de las órdenes religiosas. Los hermanos misioneros tienen un cuarto mandamiento: cuidar a enfermos contagiosos. Se formaron hace sesenta años para hacer frente a los estragos que la tuberculosis producía en los años de posguerra. Con esa peligrosa enfermedad casi desaparecida, los hermanos continuaron su labor con la atención a todos aquellos afectados por las epidemias que el nuevo siglo había creado. El sida, por ejemplo, sería una de ellas.

Que los hermanos misioneros hayan acabado gestionando el Hogar de Sor Eusebia no es por tanto una casualidad. Ambos colectivos nacieron con el objetivo de ocuparse de lo más difícil. Es frecuente que en el centro coruñés sea la policía la encargada de transportar hasta el edificio a los nuevos residentes, muchos de ellos marcados por vidas totalmente desestructuradas, que los llevan a vivir en la calle acompañados por lacras como el alcoholismo, las enfermedades psiquiátricas, el párkinson o el sida. Tampoco es infrecuente que todo ese cóctel de desgracias aparezca reunido en el mismo residente.

Los psiquiátricos gallegos son otro de los lugares de procedencia de los enfermos, lo que obliga a los tres religiosos a estar constantemente vigilantes sobre unas personas que si no toman la medicación adecuada pueden convertirse en individuos socialmente conflictivos o incluso peligrosos. El director del Hogar, el hermano Vicente Pérez, explica que han tenido que prohibir a los adictos a las drogas la estancia en el centro, ya que se convertían en bombas de relojería incontrolables que incluso perjudicaban la estabilidad del resto de enfermos. Muchos de los alcohólicos que atiende Sor Eusebia toman como medida preventiva medicamentos que les impiden que su cuerpo pueda digerir el alcohol. De esa manera se controla una adicción que de lo contrario puede convertir a una persona coherente en un despojo humano. Es el día a día de Sor Eusebia.