El shar pei marrón desaparecido en Oleiros reaparece un mes después en Cambre cuando los dueños ya lo daban por muerto
18 jun 2010 . Actualizado a las 14:35 h.Fue un mes de insomnios, de desgana, de días sin apetito, de horas pendientes del teléfono. Gigi Pernas reconoce jornadas de tristeza permanente. Su perro Floro , un shar pei de color marrón, se había escapado en un descuido. Las primeras búsquedas con el corazón encogido no dieron resultado. Pasaron los días y Gigi acudió a la prensa. La foto en el periódico dio frutos muy pronto. Recibió llamadas de vecinos de Santa Cruz, asegurando que acababan de tropezarse con el perro cuya fotografía había salido en La Voz. Las llamadas con el mismo mensaje se multiplicaban, lo que incrementaba la esperanza de Gigi, hija del afamado diseñador gallego Antonio Pernas. Pero en las incursiones por las calles de Santa Cruz, no se toparon con Floro , pese a los elevados gritos durante la búsqueda.
«Lo que más miedo me daba era que le pudiera atropellar un coche, lo visualizaba mucho, el perro bajo un coche», señala la dueña del can. «Lo había recogido de la calle hacía siete meses comiendo entre contenedores y sabía que podía sobrevivir, pero lo del tráfico me obsesionaba porque Floro está ciego de un ojo y eso acentuaba la preocupación», relata Gigi.
Los días pasaban y los teléfonos dejaron de sonar. La dueña de Floro optó entonces por refrescar la presencia del perro en los periódicos y ya al día siguiente recibió la llamada de una amiga que le aseguraba que lo había visto en Cambre. «Yo ya lo daba por muerto, pensaba en un final trágico, pero ella me insistió que sí, que era Floro », recuerda. Este vez hubo más suerte. Gigi lo encontró en la carretera entre Cambre y Carral. Y en casa recuperaron el sueño, volvió el apetito y el teléfono se utilizó para llamar a los amigos y darles la buena noticia. «Cuando el perro me vio se puso contentísimo, se puso a dar saltos sin parar», apunta Gigi.
En el jardín de casa, Floro se tumba y se le aprecian las costillas. «Pues tenías que verlo cuando lo recogí hace meses, parecía un cadáver», recuerda la dueña. Pero en aquel momento no cayó en la cuenta de llevarlo a un veterinario para colocarle el chip identificativo. La resurrección de Floro le ha dado una segunda oportunidad que no piensa desaprovechar. «Será lo primero que hagamos, ponerle un chip y una cadenita con nuestro teléfono», promete Gigi.