«Casa Ciencias, ¡dígame!»

Rodri García A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

María Balado atendía el teléfono -lleva cinco lustros haciéndolo- mientras Alfonso Guerra explicaba los dibujos de su corbata roja al lado de las manzanas de Newton

02 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En la plomiza tarde de ayer, el entorno de la Casa de las Ciencias olía a eucalipto. El sonido lo ponían los gritos de varios grupos de críos que acababan de visitar el museo. Detrás del palacete de Santa Margarita sonaba la música de la Banda Municipal, con un buen número de espectadores, entre ellos el alcalde y varios concejales (socialistas) de la corporación coruñesa. Uno de los invitados buscaba algo en el maletero del coche. La gran tarta de los 25 años abría apetitos solo con mirarla y la espada para cortarla generaba bromas.

En la entrada del museo María Balado explicaba que ella era una de las trabajadores que están desde el principio junto con «José Antonio Pérez, Manuel de la Iglesia y Jesús Prado». Este último bromeaba con alguien: «Entra, entra, que eu xa estou canso de pasar por esta porta». María, con un sonrisa, atendía a dos visitantes -«esta semana no tienen que pagar»- y contesta el teléfono: «Casa Ciencias, ¡dígame!», es su respuesta exacta. Sentado cerca del módulo de los pollitos y viendo el péndulo de Foucault, Gerardo Fernández Albor esperaba el inicio del acto.

Fuera del palacete iban llegando los numerosos invitados, entre ellos Alfonso Guerra, que, cerca del manzano de Newton, en el que ya han fructificado varios ejemplares, comentaba con varios ediles los dibujos de su corbata roja, «un buen regalo», sentenciaba mostrándola y sacándola de su chaqueta color crema.

Al mismo tiempo, en las sillas de invitados se fueron acomodando Aida Blanco, nacida en A Coruña tal día como ayer, de 1985, y tres de los primeros escolares que visitaron el primer museo científico de carácter púbico aquel uno de junio: Santiago Gándara Oliveira -«soy de Redondela pero vine con el colegio de Labañou»-, César Fonte Ramos, que era alumno del Curros Enríquez, y Tomás Legido -«yo vine con el Eusebio da Guarda»-. Luego se les uniría David Gigirey y en el Planetario recordarían con Moncho Núñez, primer director, aquella primera visita. Casi al final del acto también conversaron con Alfonso Guerra y con el actual director de los museos, Tino Fraga.

Del tiempo a la tarta

Llegó el ministro José Blanco, que fue saludando los asistentes, antes de entrar en la Casa de las Ciencias; durante el trayecto José Luis Méndez López, Julio Fernández Gayoso y Mauro Varela iban conversando, pero no de economía: «Este año en Galicia el verano cayó en martes», apuntaba este último, ante las risas de sus acompañantes.

Durante los discursos, la Banda Municipal tenía preparadas las partituras de El baile de Luis Alfonso, aunque lo primero que sonó fue el Cumpleaños feliz, mientras Losaba y Blanco cortaban la tarta, en medio de la amenaza de lluvia.

«No se puede tirar tierra, que no es arena de la playa», recriminaba una madre a su pequeño en el seto cercano; en el mismo lugar dos críos arrancaban flores, uno de los cuales preguntaba al otro: «¿Ya encontraste a tu abuelo?». La respuesta fue afirmativa, y es que un buen número de abuelos paseaban o escuchaban las palabras. Todo ello hasta que la comitiva se fue hacia el interior del museo y comenzó el reparto de la sabrosa tarta.