Las aves domésticas de una guardería infantil sufren ataques periódicos desde hace cuatro años. Esta semana doce aparecieron sin cabeza en el corral
26 may 2010 . Actualizado a las 12:23 h.Cuando cae la noche, las gallinas de la guardería Golfiño de Eirís saben que su vida pende de un hilo. Hace cuatro años que ven como sus compañeras de corral aparecen salvajemente descabezadas. La última de estas loterías mortales no dejó a ninguna de las hembras del grupo sin premio. Nadie esquivó el abrazo mortal del mustélido que presuntamente -no ha sido visto en acción- reduce la población de Gallus gallus en este centro infantil año tras año. Sea una denosiña, un visón o un hurón, el sangriento modus operandi siempre es el mismo: corta la cabeza a sus víctimas y se la lleva, dejando intacto el cuerpo.
Hace cuatro años que Roberto Lameiro, propietario de la guardería, encuentra cuerpos descabezados en el corral. Pero entre el lunes y el martes la espiral mortal ascendió hasta su límite máximo. Doce gallinas -cinco el pasado lunes y siete ayer- cayeron degolladas. Cuando Roberto regresó a la guardería por la mañana, las inquilinas del corral estaban diseminadas por todo el recinto que hasta entonces había sido su feliz hogar.
No era la primera vez que Roberto tenía que convertirse en improvisado enterrador de sus queridas aves. Desde hace cuatro años tiene que reponer periódicamente a sus amigas de dos patas sin que los niños -todos menores de tres años- adviertan que el crestado compañero que amorosamente alimentaban el día anterior ya no es el mismo. La inocencia infantil y el parecido físico que Roberto se esfuerza en conseguir cada vez que sustituye a una de las descabezadas por otra viva -a nueve euros cada ejemplar, por cierto- evitan que los infantes sufran traumas periódicos.
Prohibido matar al asesino
Roberto nunca le ha puesto nombres a las gallinas de su corral, no sabemos si por evitar un excesivo vínculo emocional con unos animales que duran tan poco tiempo, pero lo que sí explica es que desde el Seprona le han comunicado que no pueden ocuparse del asesino en serie hasta que lo identifique. Para conseguir esta información está pensando en instalar una cámara, aunque desde el Centro de recuperación de fauna salvaje de Oleiros le han advertido que no puede tomarse la justicia por su mano. El mustélido que presuntamente se lleva las cabezas de las gallinas está protegido por la ley, por muchos animales domésticos que engulla. Y es que no solo ejemplares de Gallus gallus cuelgan de la atestada sala de trofeos que el agresivo mamífero debe tener en su madriguera. La guardería Golfiño también ha visto en estos cuatro años como dos conejos y un pato sufrían la misma suerte que sus compañeras de corral.
Roberto intentaba ayer localizar a su proveedor de gallinas -otro vecino de Eirís-, con el objetivo de que durante esta semana los cien niños que acuden a la guardería volviesen a disfrutar de la actividad que supone el cuidado de animales domésticos. Los alumnos les llevan pan que traen de sus casas y recogen los huevos, que posteriormente se llevan a sus hogares tras haber sido contabilizados en un cuadrante que indica que cada niño se ha llevado a su hogar cerca de docena y media de huevos desde que empezó el curso. A Roberto solo le queda ahora reducir el tamaño de los agujeros de su verja. Un biólogo le ha dicho que el mustélido puede atravesar cualquier abertura superior al tamaño de una moneda de dos euros. Instalar una malla de finísimos respiraderos parece la única opción para los trabajadores de una guardería que se distingue por el interés que pone en comunicar a sus alumnos una cuidada educación medioambiental. Con malla nueva y todo, las noches serán muy largas para los nuevos inquilinos del corral de Eirís.