«Una chica se puede enamorar perfectamente de ti, pero no de mí»

J.B.

A CORUÑA

El primer licenciado universitario con síndrome de Down ofrecerá su testimonio dentro del Primer Congreso de Jóvenes «Lo que de verdad importa», que arranca hoy

27 abr 2010 . Actualizado a las 14:51 h.

Pablo Pineda (Málaga, 1975) se ha convertido en un símbolo de superación personal. Se trata del primer europeo con síndrome de Down que obtuvo un título universitario. Licenciado en Psicopedagogía, trabaja como preparador laboral de personas discapacitadas. A nivel popular, es más conocido por su intervención en el filme Yo, también. Con él logró la Concha de Plata en el Festival de Cine de San Sebastian.

-Se le presenta como el primer licenciado con síndrome de Down. ¿Qué obstáculos ha tenido hasta llegar ahí?

-He tenido más facilidades que obstáculos. Cuando entré en el colegio existían profesores que eran vestigios del Antiguo Régimen. No querían un chico con síndrome de Down en sus clases. Había que luchar mucho. Una profesora joven que acababa de salir de Educación Especial peleó contra ellos y ganó.

-¿Qué le decían?

-No me decían nada, pero lo pensaban. Con leer su pensamiento llegaba. Eran los años ochenta. Yo fui un pionero. Por eso me cayeron todos los palos. En el instituto, un claustro de profesores votó mi admisión. Por fortuna votaron que sí. Luego, en la Universidad también tuve problemas pero, en general, fui un privilegiado porque mi familia y muchos profesores me aceptaron.

-¿Tuvo que soportar alguna crueldad en el colegio?

-Tuve dos casos. Primero, un chico que era un desgraciado se metía conmigo llamándome mongólico y cosas así. Pronto mis compañeros se encargaron de que no lo volviera a hacer [risas]. Luego, en BUP, tuve un año muy duro, porque los chicos me hacían totalmente el vacío.

-¿Qué mitos existen respecto al síndrome de Down?

-El sexo, por ejemplo. No se habla de ello.

-¿Cree que es un tabú?

-Sí. Hace treinta años, por un lado, se decía que éramos asexuados. Por otro, pues éramos unos pervertidos y había que esterilizarnos. Ahora no se habla nada de ello.

-¿Se ha silenciado?

-Sí, pero todo ello sigue estando latente. Por ejemplo, a ti te ven besando a una chica y ¿alguien dice algo? No, se ve como normal. Imagínate que lo hago yo. El escándalo que se forma es mayúsculo. Eso demuestra que existe todavía un gran tabú.

-¿Tiene novia?

-No.

-¿La ha tenido?

-Bueno, más que novia yo me enamoro [risas]. Las chicas luego no me corresponden, porque ese es otro tema que no se concibe. Una chica se puede enamorar perfectamente de ti, pero no de mí. No conciben enamorarse de un chico Down. ¿Cómo van a decirle a su padre 'Mira papá tengo un novio con el síndrome de Down'? !Tela con eso!

-Va a ser más complicado que sacar una licenciatura.

-Sí, porque es algo muy arraigado. Atañe a la moral y eso es mucho más complicado.

-Otro tabú, son los abortos cuando el feto tiene síndrome de Down. ¿Cómo lo ve?

-Yo eso lo veo, no desde un punto de vista religioso, sino social. El tener en tu familia un hijo con síndrome de Down es lo mejor que te puede ocurrir. Si mi madre hubiese elegido un aborto no estaría aquí y no hubiese logrado todo esto que he logrado en mi vida.

-¿Entiende a las madres que abortan aludiendo a que el niño va a ser un infeliz?

-Puedo entenderlo, pero no compartirlo. Es verlo todo desde el catastrofismo y lo negro. Luego, no es verdad. Porque los Down nos adaptamos a todo, somos felices con cualquier cosa.

-¿Usted es feliz?

-Sí, completamente.