El cable de la discordia

A CORUÑA

La venta de la participación minoritaria en R por parte de Emalcsa provoca otro choque entre Losada y Negreira, mientras el BNG defiende su derecho a tener «unha opinión distinta»

21 abr 2010 . Actualizado a las 10:59 h.

La salida de la Empresa Municipal Aguas de La Coruña (Emalcsa) del accionariado de R sigue trayendo cola. Ayer, el portavoz municipal del Partido Popular, Carlos Negreira, reiteró sus críticas al gobierno local «por no saber defender los intereses de la ciudad y abandonar la posición estratégica en la compañía». Por eso, su partido formalizó ayer por Registro la petición de una junta general extraordinaria de la compañía para forzar que el gobierno local dé explicaciones sobre el tema.

El alcalde, Javier Losada, hizo declaraciones sobre el tema tras varios días de silencio. Negó cualquier tipo de fractura interna en el gobierno local -los dos representantes del BNG votaron en contra de la venta en la reunión del consejo de administración de Emalcsa en la que se acordó suscribir la opción de venta- y asumió la responsabilidad de la actuación. «No hay postura opuesta. Aquí la decisión la toma el alcalde y la toma el consejo de administración de Emalcsa, que era el tenedor de las acciones de R. Quien tiene que dar explicaciones sobre lo de R es Caixanova», explicó el regidor señalando como máxima responsable de la decisión a la entidad financiera viguesa.

Y es que, según fuentes conocedoras de la negociación, Caixanova presentó la operación casi como un ultimátum a los socios minoritarios. La entidad financiera era titular de un 66 por ciento de las acciones y advirtió al resto de accionistas que, en caso de no aceptar la propuesta formulada por CVC, «se procedería a una ampliación de capital en la que se diluirá el peso del resto de socios».

Pese a todo, la negociación, que se remonta varios meses atrás, no fue sencilla. Incluso en el momento de rubricar el acuerdo de venta, el representante de Emalcsa y el del Banco Pastor amagaron con romper las negociaciones para aclarar algunas cláusulas de la operación. Emalcsa, siguiendo instrucciones del alcalde, también quiso que constara el mantenimiento de la sede social en A Coruña, a pesar de que tanto Caixanova como el nuevo comprador tenían otros planes al respecto.

Losada insistió ayer en dirigir la vista hacia Caixanova, «porque es el socio mayoritario y es el que aprobó la venta. ¿Que si es positiva la operación? Los socios minoritarios, como su nombre indica, son minoritarios en un consejo de administración que decide vender y el que decidió vender fue Caixanova».

Réplica de Tello

Menos optimista se mostraba el portavoz del BNG, Henrique Tello, aunque se negó a hablar en Radio Voz de discrepancias entre su partido y el PSOE. Ese distanciamiento en casos como la venta de R, apuntó, «moitas veces é alentado en que cando hai a máis mínima discrepancia ou unha opinión diferente ou ben un medio de comunicación ou un sector social ou un partido da oposición afirma que empezan os rifirrafes electorais, pero é que ás veces hai certas discrepancias que non teñen que ver co electorado. Opinar diferente como estamos opinando sobre a fusión das caixas non significa que esteamos nun debate electoral, senón que temos unha opinión distinta sobre ese asunto. E no caso de R, igual».

Carlos Negreira alertó sobre la situación que, a su juicio, se avecina. «Quiero que el alcalde aclare por qué se vendió la participación de R con nocturnidad y secretismo, sin saber poner en valor la posición del Ayuntamiento y sin informar a los ciudadanos para tomar una decisión», apuntó.

Además, Carlos Negreira expresó su temor al posible cambio de sede. «Tenemos que conocer el plan de negocio de CVC y sus consecuencias sobre la sede social», insistió.