Luces y sombras de Benedicto XVI

A CORUÑA

El primer lustro del pontificado de Joseph Ratzinger muestra a un hombre sabio, pero anciano, cansado y enfermo, que debe enfrentarse a la mayor crisis de su Iglesia

18 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuando, hace ahora exactamente cinco años, los cardenales reunidos en la Capilla Sixtina elegían al sucesor de Juan Pablo II y Joseph Ratzinger subía al solio pontificio con el nombre de Benedicto XVI no eran pocas las voces que -tal vez olvidando que el purpurado alemán fue una de las luces que iluminaron el Concilio Vaticano II- mostraban su preocupación al ver que quien iba a sentarse en la silla del sucesor de San Pedro era el «guardián de la ortodoxia»: el cardenal, siempre muy cercano a Karol Wojtyla, que había estado al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Pero tampoco faltaron quienes celebrasen la elección de una de las grandes figuras intelectuales de la historia de la Iglesia. Un hombre de sólido pensamiento que no solo ha hablado a los creyentes. Un teólogo cuya brillantez, por lo general, ni siquiera sus detractores niegan. Pero es probable que ni unos ni otros llegasen a imaginar entonces a qué situación tendría que enfrentarse hoy Benedicto XVI. Un Papa sabio pero anciano, cansado y enfermo, al que el mundo entero mira mientras la Iglesia católica se enfrenta a una crisis casi sin precedentes, cuando cada día se denuncian nuevos casos de abusos a menores por parte de sacerdotes y el cristianismo retrocede como referencia moral en un milenio nuevo en el que separar las verdades de las mentiras parece cada vez más complejo. Estas son sus luces y sus sombras:

1Lentitud de la maquinaria vaticana. Acostumbrado a trabajar día y noche casi sin pausa desde que era un joven profesor universitario, puede que los enfrentamientos entre los grupos de poder que rodean a Benedicto XVI tengan mucho que ver en la lentitud vaticana, pero en cualquier caso lo cierto es que el Pontífice es el responsable directo de los nombramientos que ha ido haciendo. Al igual que de haber pospuesto, y por tanto no llevado a cabo, tantos cambios que jamás han llegado. «El Papa -dice en privado una alta personalidad de la Iglesia española- es un hombre santo y lleno de sabiduría, sí, pero también un hombre mayor, que como casi todos los viejos solamente se fía de los que conoce o tiene más cerca».

2Ejercicio dialogante de la autoridad. Benedicto XVI ha sabido, en contra de lo que numerosos sectores temían, ejercer la autoridad de forma dialogante. Pocos papas ha habido en la historia tan cercanos a los obispos, a los sacerdotes y, en general, a todos los fieles. El pontífice sabio habla a todos y para todos.

3Propuesta intelectual a la altura del siglo XXI. Desde el cristianismo, tan presente en las raíces culturales europeas, Benedicto XVI ha sabido transmitir a la humanidad del siglo XXI una propuesta intelectual creíble, a la altura de lo que requieren las ansias de espiritualidad del nuevo milenio. El Papa invita al hombre de hoy -al que ya no tiene problemas para acceder a la información, sino para segregar lo realmente sustantivo de lo superfluo- a volver los ojos hacia Dios, a caminar hacia lo trascendente, sin dejarse arrastrar por lo meramente adjetivo, por lo perecedero.

4Medidas contra la pederastia. El Papa, a diferencia de muchos de los llamados príncipes de la Iglesia, cuyo silencio resulta escandaloso, ha actuado con mano firme frente a la pederastia, un crimen que siempre lo ha horrorizado. Baste recordar, a este respecto, su actitud frente a dicha lacra cuando todavía era cardenal. Pero miles de ciudadanos de todo el mundo tienen la impresión de que el Vaticano no ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Benedicto XVI se ha reunido con las víctimas tanto en Estados Unidos como en Australia, y ha manifestado su intención de hacerlo de nuevo, además de recordar a los obispos que tienen la obligación de actuar con transparencia y en colaboración con las autoridades civiles. No obstante, entre creyentes y no creyentes crece el convencimiento -ya casi un clamor- de que la Iglesia Católica tiene que pedir perdón claramente.

5Imagen antipática. Podría parecer una frivolidad aludir, a día de hoy, a la imagen que Benedicto XVI transmite, pero quizás venga a cuento hacerlo, puesto que él es el sucesor de un papa, gran aficionado al teatro, que dominaba como nadie la puesta en escena. Ratzinger, del que quienes lo conocen aseguran que es, en privado, la afabilidad personificada, parece en público -excepción hecha de cuando, saltándose todas las medidas de seguridad, se acerca a los fieles, que es cuando más se deja ver su predisposición al afecto- un pontífice bastante antipático. Lo suyo no es venderse. Hombre de oración, las cámaras permiten apreciar, muy a menudo, que en numerosos actos por él presididos aprovecha cualquier ocasión para rezar, con la cabeza baja, en silencio.

6Humildad frente a las críticas. La actitud del Papa frente a toda crítica es un verdadero ejemplo de vida. Humilde siempre, ha sabido ir imprimiendo a la Santa Sede, históricamente tan poco dada a la humildad, una nueva manera de escuchar y de admitir que la equivocación forma parte de toda humana naturaleza.

7Valiente defensa de la fe cristiana. Sin negar jamás que otras culturas y creencias siguen su propio camino hacia la salvación, Benedicto XVI ha hecho de su pontificado un permanente y valiente ejercicio de defensa de la fe cristiana, entendida esta como una senda en la que todo es, cada día, nuevo.

8Polémica alrededor del Holocausto. Benedicto XVI, que siente un profundo afecto por el pueblo judío, se ha visto envuelto en polémicas alrededor del Holocausto que demuestran, cuando menos, que muchos de quienes hoy rodean al Papa no están a altura de lo que cabría esperar de ellos. La Santa Sede no ha sabido explicar bien, por ejemplo, el papel que jugó Pío XII durante la persecución nazi. Y menos todavía que la reintegración de los lefevbrianos al seno de la Iglesia incluyese de entrada la rehabilitación de personajes como el siniestro obispo Richard Williamson, que niega la existencia de las cámaras de gas.

9Carácter profundamente europeísta. El Papa es un europeísta convencido. Y muy consciente de la importancia que tiene el Camino de Santiago. Su visita a Compostela, prevista para el próximo mes de noviembre, es una prueba más de ello.

10El perfil del episcopado. Se esperaba que la llegada de Benedicto XVI al papado se reflejase en el nombramiento de obispos de un nuevo perfil, más próximo al suyo: figuras que uniesen a la labor pastoral una dimensión intelectual importante y capaces de hablar a la sociedad entera. Obispos convencidos -como el mismo Ratzinger- de que la Iglesia no precisa poder, sino autoridad. Pero ese cambio es una de sus grandes asignaturas pendientes.

11Afecto por el mundo de la cultura. Benedicto XVI está impulsando un constante diálogo con los creadores (escritores, pintores, músicos, arquitectos...) y con pensadores del más diverso perfil. Con independencia de que sean o no creyentes. Entre quienes se han reunido con él en la Capilla Sixtina, bajo los frescos de Miguel Ángel, en el lugar en el que se celebran los cónclaves, está el escritor Claudio Magris, autor de El Danubio . Quien, como él, simboliza lo más valioso de la cultura europea.