Involución arquitectónica


El edificio Fenosa fue proyectado en 1961 de acuerdo con las corrientes arquitectónicas más avanzadas de su época -fue el primero de A Coruña con fachada del tipo constructivo conocido como muro cortina -, y aunque es evidente que no tuvo la misma trascendencia cultural que el célebre edificio Seagram que Mies van der Rohe construyó en Nueva York, es de notar que este último se erigió entre 1954 y 1958, es decir solamente tres años antes de que fuese proyectado el edificio coruñés.

La composición arquitectónica original del edificio Fenosa estaba claramente fundamentada en los postulados estéticos -y éticos- del Movimiento Moderno o de la Arquitectura Racionalista, que se basaron, en síntesis, en buscar la correspondencia y coherencia entre la imagen de la arquitectura y las nuevas técnicas empleadas para su construcción, propugnando que la apariencia formal de los nuevos edificios no podía continuar siendo la misma que la de los construidos antes de la introducción del ascensor, del uso del acero y del hormigón armado como materiales estructurales, de la evolución de la industria del vidrio..., es decir, antes de la revolución tecnológica de la construcción posibilitada e inducida por la revolución industrial.

Por eso, el edificio Fenosa, tal vez sin tener excelsos méritos arquitectónicos, era un digno ejemplo de la arquitectura de su época y su imagen formaba ya parte del patrimonio cultural urbano, después de haber servido durante 35 años como imagen corporativa denotadora de modernidad a la empresa que lo promovió.

Cuando la propietaria del edificio, tras fusionarse con Unión Eléctrica, trasladó su aparato burocrático a Madrid, vaciando las oficinas que habían albergado a más de 400 trabajadores, trató de rentabilizar un activo por entonces improductivo y lo vendió -por 2.250 millones de pesetas de 1997- a una inmobiliaria que lo transformó para uso de viviendas y locales comerciales, manteniendo solamente la estructura portante de acero preexistente -aunque efectuando las modificaciones precisas para incrementar en más de 2.000 metros cuadrados la superficie construida de un edificio que ya duplicaba la edificabilidad máxima establecida por el PGOM entonces vigente, mediante la adición de vuelos, sobrevuelos, entreplantas y plantas bajo cubierta-, reconstruyendo su interior y revistiéndolo de nuevas fachadas, que tienen sin embargo la falsa apariencia de antiguas o tradicionales.

En la autodenominada «rehabilitación» que se llevó a cabo, se sustituyó el muro cortina original por unas fachadas compuestas con huecos de directriz vertical, característicos de las ventanas abiertas en muros de carga, pero ajenos a la tipología estructural porticada propia del edificio, que libera al cerramiento de la función sustentante y permite la disposición de huecos de formato apaisado -l a fenêtre en longueur , uno de los 5 puntos en los que Le Corbusier fundamentó los principios del movimiento moderno-, y para reforzar esa falsa apariencia de edificio noble característico de los ensanches burgueses, en las nuevas, pero aparentemente antiguas, fachadas se empleó además la retórica formal propia de la arquitectura ecléctica del XIX, aplicándoles todo un extenso y recargado repertorio de elementos pretendidamente ornamentales como frontones curvos y rectos, impostas, balaustradas, molduras, acróteras, falsas pilastras, falsas galerías y muchos otros, que en conjunto pueden calificarse como «bisutería arquitectónica». Como resultado, se obtuvo una imagen deforme y desproporcionada del edificio, ya que resulta patente que existe una radical falta de correspondencia entre la volumetría de la edificación y la imagen decimonónica que se le dio. En efecto, ¿cuántos edificios eclécticos existentes en las ciudades tradicionales tienen más de 40 metros de altura como el cuerpo central del edificio Fenosa?, ¿y cuántos tienen una organización de conjunto basada en la articulación de tres cuerpos de diferentes volúmenes prismáticos con proporciones disímiles armónicamente conjuntadas, definiendo un espacio abierto central? Evidentemente, ninguno. Mas bien tendríamos que remitirnos a las arquitecturas que Óscar Niemeyer ejecutó en Brasilia, a la Lever House, de Skidmore, Owings & Merrill, construida en 1952 en Nueva York, o a tantos otros preclaros ejemplos de la arquitectura contemporánea, para buscar analogías aplicables al caso.

Alteración del original

Por eso, a la vista de lo que hoy podemos contemplar y comparando esa imagen con las fotos del edificio original, podemos decir fundamentadamente que resulta lamentable la pretendida «rehabilitación» que se efectuó sobre el edificio Fenosa, ya que la transformación y ampliación a la que se le sometió (que es en lo que realmente consistió la operación), representa la negación de la evolución cultural de la arquitectura desarrollada a lo largo del siglo XX, hasta el punto que podemos calificarla como una auténtica involución arquitectónica, en tanto que se alteró la coherencia que originalmente existía entre el tipo constructivo (estructura, cerramientos, cubiertas) y su composición arquitectónica (volúmenes, forma e imagen), para disfrazarlo, o más bien para travestirlo, ya que con esa transformación se frustró la correspondencia entre su esencia y su apariencia.

Aunque la operación inmobiliaria realizada, que tuvo una excelente acogida comercial y presumiblemente una elevada rentabilidad económica, responda al gusto imperante en nuestra sociedad -o al menos al mayoritario entre el sector social iletrado en materia arquitectónica, integrado por quienes son proclives a apreciar la estética de lo kistch o las ostentosas pretensiones del pastiche-, no por ello podemos dejar de opinar que, en términos arquitectónicos, se produjo un resultado grotesco, porque se llevó a cabo sin respetar en absoluto no solamente al propio edificio -que era muy digno de ello- ni al arquitecto que lo proyectó, sino incluso -algo más sutil- al espíritu de su arquitectura, o lo que es lo mismo, de lo que realmente podemos entender como arquitectura.

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