Soluciones pacientes y valientes

Carlos Nárdiz Ortiz

A CORUÑA

31 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuando en 1960 el Ministerio de Transporte inglés encargó a Buchanan un estudio del tráfico en áreas urbanas, sus dos conclusiones fundamentales fueron que el tráfico es función de la forma en que se disponen los edificios y que no es tanto un problema que espere una solución, sino una situación social a la que hay que enfrentarse con políticas pacientemente aplicadas que hay que revisar a la luz de los acontecimientos. Desde entonces muchas ciudades europeas, y algunas españolas, han intentado aplicar estas políticas con obras de reurbanización de los centros históricos y de las calles de las ciudades, con la extensión de transporte público guiado a las áreas metropolitanas, y con la construcción de nuevas vías de acceso y circunvalación.

En Galicia también se planificaron y construyeron a partir de los años setenta nuevos accesos a las ciudades, pero, como muestra esta serie de reportajes de La Voz, es en ellos donde se están produciendo fundamentalmente los grandes atascos, por no haber previsto entonces los procesos de crecimiento metropolitano de las ciudades, con más de la mitad de la población viviendo hoy fuera del municipio de la ciudad central, unido a la descentralización de las industrias y los comercios. Habrá que esperar a comienzos de los noventa para que la Administración central se plantee la ampliación de los accesos, y a comienzos del nuevo siglo para que la Administración autonómica redacte sus planes viarios para las ciudades de Galicia, pero sin coordinarse con la Administración central, con la planificación futura de los usos del suelo o con la planificación del transporte público a escala urbana y metropolitana. La situación social parece que ha llegado a la Administración, como reflejan las recientes declaraciones del conselleiro Agustín Hernández, que centra en la mejora de la movilidad, en los aparcamientos disuasorios y en el transporte público competitivo, la solución a los atascos. Por tanto, ¿en dónde está el problema?