Xosé Manuel Seivane hizo su primera gaita en plena Guerra Civil. Hoy, sus hijos y nietos mantienen viva la tradición
15 mar 2010 . Actualizado a las 12:09 h.Dicen los que saben de esto, que las gaitas que salen del obradoiro que la familia Seivane tiene en Cambre tienen un timbre especial, característico, que las diferencia del resto. Esa es la firma de Xosé Manuel, una leyenda viva de la fabricación de instrumentos tradicionales que, camino de los 90 años, no pierde la ocasión de pasar por su taller mientras sus hijos y nietos crean más instrumentos: «E que eu nacín para esto», sentencia el maestro gaitero. Hijo de un carpintero y de una mujer «que me cantaba todas as pezas que eu pasaba despois á gaita», Xosé Manuel hizo su primer instrumento con apenas 18 años, en 1939, y de oído: «Fun mirando a que tiña. No taller do meu pai non había calibres, así que o facía a ollo, medindo cun compás. Tampouco tiñamos torno, pero na enciclopedia da escola viña un de ballesta, e tirei de alí», recuerda. Al año siguiente, ya estaba vendiendo sus gaitas «a 18 pesos».
La gaita fue siempre para Xosé Manuel mucho más que un medio de vida: «Foi a miña salvación na época da mili, xa que entrei na banda e ainda aprendín solfeo», cuenta con una sonrisa entre un sinfín de recuerdos de su obradoiro de Ribeira de Piquín, en Lugo, que terminó trasladando a su actual ubicación en Cambre: «O meu fillo Álvaro voltou de Barcelona coa intención de montar un taller na Coruña, e eu tiña visto esta zona cando viñera como xurado a un concurso de gaitas, e gustoume moito, así que lle falei de ela». Tras unificar esfuerzos en 1994, toma su forma definitiva el obradoiro Seivane, en el que actualmente trabajan los hermanos Álvaro y Xosé Manuel, además de Sainza, hija del primero; su marido Moisés Facal y Roberto Portela Seivane, nieto del fundador, que se vino cuando tenía 18 años desde Bilbao, donde residen sus padres: «Los veranos iba de crío a Ribeira de Piquín y me pasaba el día en el taller y tocando. En cuanto pude, me vine», explica. Ante semejante panorama solo caben dos opciones: que Xosé Manuel insistiese mucho o que el amor a la gaita sea genético: «para facer esto, primeiro hai que tocar, coñecer e querer á gaita. Senón non sae», afirma el patriarca, a lo que añade su nieta Sainza: «É o ambiente que nos rodeou dende pequenos, é normal», asegura la hermana de la gaitera Susana Seivane, sin duda la mejor embajadora que el taller de Cambre podía tener
Y el futuro de la saga está asegurado. Con tan solo 22 meses, el pequeño Brais, hijo de Sainza y Moisés, apunta maneras. Ya tiene su propia gaita a medida, aunque parece que, al menos por ahora, le tira más la percusión.