Una calle para un maestro de los de antes

Pablo Portabales
Pablo Portabales PABLO.PORTABALES@RADIOVOZ.COM

A CORUÑA

19 feb 2010 . Actualizado a las 03:02 h.

Sus padres eran maestros. Lleva el mundo de la enseñanza en los genes. Las letras y números corren por sus venas. En 1943 creó la academia MDM en el Burgo, en la que se formaron centenares, miles de coruñeses hasta que en 1974 decidió cerrarla porque su voz no le respondía como precisaba para impartir magisterio. Todavía hoy, a sus 90 años, tiene que hacer un gran esfuerzo para que los que lo rodean puedan escucharle con claridad. Manuel Monasterio López es al auténtico maestro con letras mayúsculas. A partir del 25 de febrero, el próximo jueves, se incorporará al callejero. Ese día una calle de la zona de Santa Gema será bautizada con su nombre. «La academia era mixta y a ella acudían personas de toda el área metropolitana. Era especial. Carente de medios materiales y económicos. Sus dos profesores, Monasterio y Julio Dans , ya fallecido, se exigían y exigían a los que íbamos honradez, voluntad y esfuerzo», recuerda Domingo Naveira , uno de los agradecidos alumnos que se encargó, junto con otros, de promover el merecido homenaje. «No se permitía ni la mentira ni la vagancia», precisa el veterano profesor. Se estudiaba por libre cada una de las asignaturas de la carrera, cinco cursos para Perito y dos más para Profesor Mercantil. Había que examinarse en la Escuela de Comercio. «Se producía el milagro. El porcentaje de aprobados en cada convocatoria era similar o superior al de la enseñanza oficial», precisa Naveira, su ex alumno de más edad. «Cuando el maestro tenía 31 años, yo 22», recuerda emocionado. Una casa llena de cuadernos. Pasan los años pero se mantiene el estilo y también la elegancia. Manuel Monasterio me recibe en su casa impecablemente vestido con traje y corbata y cuando abandono el domicilio se empeña en ser él el que abra la puerta del ascensor a pesar de sus limitaciones físicas. Todo un caballero. Encima de cada mesa o repisa descansan unos cuadernos en los que, escritos a mano, relata los viajes que a lo largo de su vida hizo por el mundo. En el hall me fijo que está el de Venezuela. Ahora también utiliza el ordenador para pasar a limpio su ingente producción, incluidas un gran número de poesías. Pero además de su capacidad como docente, como hombre del conocimiento, Monasterio destaca por su humanidad. «Cuando detectaba necesidades en los padres no les cobraba. También tenía una especial sensibilidad con las mujeres», apunta Naveira. «Es que ellas eran más vulnerables y había una tendencia en aquella época -estamos hablando de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo- a que abandonasen los estudios para dedicarse a lo que se denominaba ''sus labores'', y yo iba a hablar con los padres para que cambiasen de opinión», resalta Monasterio, un hombre de fino sentido del humor al que se percibe feliz por el hecho de que una calle vaya a llevar para siempre su nombre, el de un maestro de los de antes. En el número 19 de esta hostelera calle abrió hace un par de meses La Taberna del Arriero, en un local que ocupó el primitivo mesón A Roda, más adelante O Piote y más recientemente la pizzería Mestura. Al frente de este establecimiento que apuesta por la cocina tradicional están Alejandro García y Cristina Rodríguez . «Soy muy cocinillas y mi idea siempre fue la de montar una taberna de estilo clásico, pero hasta ahora me había dedicado al mundo de la estética», comenta Cristina. Tortilla tipo Betanzos, carne asada, ropa vieja o el pulpo al arriero, parecido al mugardés, forman parte de la carta del nuevo negocio. «Los secretos del bosque, que son unos champiñones rebozados con salsa alioli, que es una receta irlandesa que me pasó una amiga, están teniendo mucho éxito», destaca la propietaria. Poco a poco esta céntrica calle peatonal y otras como la de la Estrella van cogiendo muy buen ambientillo de bares, mesones y restaurantes. Esperemos que este verano sea el de su consolidación definitiva. La resaca del carnaval se prolonga en las cocinas más que en las calles. Escondidas las carrozas y los disfraces, todavía se pueden degustar filloas, como las que elabora María del Carmen Méndez en el restaurante Vega de Betanzos. En ese establecimiento hostelero se encerró estos días para preparar cientos de filloas, «pero sin utilizar la filloeira, porque la cocina es muy estrecha y no cabe», explica. Su hija Rocío se encuentra ahora mismo en fase de aprendizaje para elaborar este postre de entroido. Ambas disfrutan de una filloeira propia cuando cocinan en su casa de Oza dos Ríos, una localidad, por cierto, donde mañana se vivirá un gran día de entroido.