«Es Monte Alto el barrio más elegante de Coruña, bella ciudad de cristal». Esto, cantado al son del Cha-ca-cha del tren, es el comienzo del himno oficioso del barrio de Monte Alto. Lo entonan carnaval tras carnaval los de la comparsa que insiste en que allí «se vive ''A cien'', hay marcha a reventar y seriedad también». Y el autor del mismo es, curiosamente, del Ventorrillo. Cosas que pasan en Monte Alto. Su nombre es Plácido Insua y, a estas alturas, es casi sinónimo de entroido. Lleva desde 1996 ocupándose de las punzantes letras del cancionero de la comparsa, año tras año, triturando la actualidad con ojo crítico y pluma aguda: «Todo comenzó como un reto. Me dijeron si era capaz de hacer una letra allá por 1995, y ya he hecho unas cuantas desde entonces», recuerda Insua, que también realizó durante diez años los apropósitos de la agrupación Sende.
Claro que tenía un referente en el que apoyarse: «Hubo dos grandes comparsistas en esta ciudad, Canzobre y Pibela. Este último era abuelo de mi mujer... Y casi tan bueno como yo -bromea antes de reconocerle sus méritos-: era muy agudo. En aquella época había que tener mucho cuidado con lo que decías, y era capaz de decirlo todo, pero de un modo muy sutil». Tampoco él ha tenido problemas con sus letras, a pesar de que los temas que toca suelen ser polémicos: «Se trata de no ser grosero. Me meto con todo y con todos, pero de forma educada, desde el respeto y el humor. Incluso Francisco Vázquez me felicitó por la letra aquella de Sir Paco», cuenta. La controversia estrella de este año, para Plácido, es el bilingüismo, o «vil lingüismo», como él le llama: «El idioma lo hace el pueblo, no un decreto. A mí lo de grazas y Galiza ni siquiera me suena a gallego. Con el tiempo van a terminar llamándole a la ciudad Corunha». De esta polémica salió una de sus creaciones para este carnaval, pero no es la única. En todos estos años ha ido conformando un repertorio sobradamente nutrido: «No soy Calderón de la Barca, pero sí que tengo cierta facilidad para la rima. Además, ahora el ordenador hasta te corrige las faltas de ortografía, así que no tiene tanto mérito», asegura modesto. Compartió hace dos años homenaje, como grandes impulsores del carnaval de la ciudad, con un viejo amigo suyo para el que solo tiene buenas palabras: «Palau era amigo mío desde que éramos mozos. Solo puedo decir de él que era buena persona, lo que no es poco. Es el mejor piropo, porque en este caso es totalmente cierto».
A pesar de su lugar de residencia, es «casi hijo adoptivo de Monte Alto», un barrio que, asegura, «engancha»: «Es otra cosa, es más que un barrio. La gente aquí siente un orgullo por lo suyo que no se da en cualquier otro lugar». Será su espíritu carnavalero el que le ha hecho adaptarse tan bien, aunque ahora se reconoce medio retirado: «Hubo un tiempo en el que me implicaba muchísimo más. Pero ya voy teniendo canas en la cabeza, y ahora me retiro más a tiempo, que los de la comparsa son incombustibles», apunta entre risas. Estos días recorrerá de nuevo la calle de la Torre, aunque dice echar de menos algo: «Ahora se ven disfraces muy vistosos, llenos de volantes, en plan brasileño o canario, con mucho trabajo detrás. Pero creo que se está perdiendo el ingenio de antes. Hay que volver al carnaval choqueiro, que es el nuestro».