Ha cumplido 25 años al frente de la Asociación Renacer, que se ocupa de atender a personas necesitadas. Asegura que la labor de estos centros es hoy imprescindible
16 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.«Haz lo que querrías que te hicieran a ti». La frase, que repite hasta en tres ocasiones durante la conversación, resume el ideario de vida de José Fernández Pernas. Lo asumió en la parroquia de San Francisco y lo materializó en forma de asociación con Renacer en 1985 cuando estrenaron un piso de acogida en la calle Ramón Cabanillas. «Fue el primer paso, ahora tenemos un local y varios pisos en diferentes puntos de la ciudad. Eso es lo único que ha cambiado. En el resto sigo pensando lo mismo: hay que ayudar a quien lo necesita», comenta.
Actualmente, la sede de Renacer está situada en el barrio de la Sagrada Familia, concretamente en la calle Sargento Provisional, frente a la polideportiva. «En los ochenta era terrible. Ahí -señala a las gradas- se venían a pinchar los heroinómanos. Los traficantes venían en coches para vender droga. Fueron tiempos muy duros. Para nosotros era doblemente problemático, porque acogíamos a gente que escapaba de las drogas, pero al ver todo eso a su lado, muchas veces volvían a caer».
En los noventa llegó otro colectivo que, en parte, pronto cayó en la marginalidad. «España se convirtió en un país de acogida -reflexiona- y a A Coruña empezó a llegar cada vez más gente. Huyen de la muerte. Son personas que ven cómo un hijo muere en sus brazos porque no tienen medicinas. Ante algo así no te puedes negar», afirma tajante al tiempo que explica otro de sus principios: «La gente tendría que pensar que esa persona necesitada podría ser su hijo o un hermano. En un momento como este, más, porque la crisis desbordó la solidaridad y todos nos necesitamos más que nunca».
Como hermanos ha tratado José Fernández («aquí todo el mundo me conoce como Pernas», apunta) a los que llamaron a su puerta. «¿Ves a ese chico? -dice señalando hacia la puerta de su asociación-. Cuando llegó era un saco de huesos. Ahora ya está algo más gordito -ríe-. Y aquel otro era el hijo de una prostituta que lo abandonó en una casa de citas. Tiene problemas mentales y nadie se ocupa de él. Si no fuera por nosotros, no tendría donde estar».
A ese respecto, Fernández señala que «existe un gran tabú con los problemas psiquiátricos, que cada vez hay más, muchos derivados de las drogas». Lo considera injustificado: «Se identifica con personas peligrosas, cuando la realidad demuestra que no es así para nada».