Todos los barrios de A Coruña padecen el mismo mal: los grafitis y las firmas hechas con espray afean los edificios y el mobiliario público. El Ayuntamiento gasta anualmente más de 60.000 euros en su limpieza
13 ene 2010 . Actualizado a las 13:46 h.En Nueva York, la ciudad en la que nació la cultura del hip-hop y el fenómeno del grafiti, hoy por hoy resulta tremendamente difícil encontrar una pared, un portal o un comercio pintarrajeado. La presión policial y la famosa política tolerancia cero del alcalde Rudolf Giuliani, continuada por Michael Bloomberg, terminó con una lacra que en los primeros noventa parecía que jamás se iba a eliminar.
En A Coruña el panorama es bien distinto. Ni la vigilancia ni las multas que pueden caerles a aquellos que pinten con espray en un lugar público (de 90 a 600 euros) han frenado las ansias de expresión de los vándalos. En cuando a los inmuebles privados, la cosa es aún es peor: las comunidades de propietarios eliminan las pintadas con la frustración de saber que un muro limpio es todo un caramelo. Es decir, que tarde o temprano los espráis o los rotuladores volverán a pasar por allí.
Sirva como ejemplo la plaza de Santa Catalina. Se trata de una de las piezas estrella del plan de rehabilitación de plazas en el centro de la ciudad del año 2009. Al día siguiente de la inauguración ya había pintadas. Cinco meses después las firmas, las proclamas y los dibujos sin más se entrecruzan entre sí. La cosa llega al comercio y con casos tan sangrantes como el de la tienda Metro Kids Company: el impoluto blanco de su fachada acoge ahora los autógrafos gigantes de una tal Belén a la que la dedicatoria en una carpeta no le llegó. Acompañada de varios corazones, dedica su fechoría: «Para mis niñas», dice.
Desgraciadamente, no es un caso aislado. Escenas similares se pueden ver por todos los barrios. En la calle Falperra la pizarra de un edificio de nueva construcción se convirtió en el lienzo gigante de los grafiteros. Las escaleras que bajan de General Sanjurjo a la calle Pose, también. Y las que suben desde Ramón de la Sagra hasta Juan Flórez padecen el mismo mal.
Dispositivo específico
Esta situación no le sale gratis al Ayuntamiento. Por un lado está previsto el servicio limpieza general, que lleva la empresa Cespa. A esta, que ya tiene asignada la retirada de pintadas, se le ha indicado que intensifique su acción sobre este campo. Por otra parte, se invierte unos 60.000 euros al año en un dispositivo específico para este fin. Este opera durante unos meses y se contrata a personas del INEM para que se ocupen únicamente de la limpieza de grafitis.