Un incendio en un contador provoca el pánico en un edificio de O Burgo

A CORUÑA

06 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Pasadas las tres y media de la tarde, los vecinos del edificio Crucero, de O Burgo (Culleredo) vieron amenazadas sus viviendas por el espeso humo que ascendía por las escaleras. En algunos hogares saltó el pánico, ya que desconocían el origen del incendio. La mayoría de los residentes en este edificio de diez plantas abandonaron sus casas a pesar del humo y esperaron posteriormente con batas y zapatillas hasta que el peligro quedó extinguido.

El incendio comenzó en la sala del cuadro de contadores, donde los bomberos de Arteixo descubrieron un medidor completamente quemado. Los primeros en llegar al lugar de los hechos fueron los miembros de Protección Civil de Culleredo. Posteriormente, y tras la irrupción de los bomberos de Arteixo, también acudieron la Policía Local y una ambulancia del 061 en previsión de que hubiera algún vecino afectado por el humo. De hecho, los enfermeros atendieron a una vecina de la octava planta que sufrió una taquicardia fruto del nerviosismo vivido mientras bajaba por las escaleras acompañada por su hijo y su nieto.

La alarma también llegó a la sede de los bomberos de Betanzos, que acudieron al edificio, ubicado en la calle Alexandre Bóveda, pero finalmente no intervinieron. «Púxenme moi nerviosa, téñolle moito medo ao lume -señaló una vecina del tercero -; se nos chega a pasar de noite a ver que íamos facer; foron os mellores reis magos, que non pasara nada».

En cuanto los bomberos irrumpieron en el portal ordenaron a los vecinos de las 50 viviendas que se quedaran en sus casas, pero la mayoría ya esperaban fuera. Algunos, con problemas respiratorios, habían optado por no atravesar la cortina de humo que salía de la sala de contadores, cuyo incendio fue resuelto con unos extintores.

A la espera de Fenosa

Una vez extinguido el humo, los bomberos comunicaron a los vecinos que no podían acceder a sus viviendas hasta que la compañía eléctrica cortarse el suministro a todo el inmueble. Comenzó entonces el enfado del vecindario ante la tardanza de los operarios de Fenosa, que se personaron minutos antes de las cinco de la tarde. El corte de la electricidad no fue inmediato, ya que ninguna de las muchas llaves en posesión de la presidenta de la comunidad sirvió para abrir el cuartillo en el que se debía interrumpir el suministro. Finalmente, el edificio quedó sin electricidad y los vecinos pudieron volver a sus casas.

Casualmente, los propietarios del bar que se ubica junto al portal se habían reunido esa mañana con representantes de Fenosa para cambiar su contador «porque el que había estaba muy viejo». Pero tras el incendio descartaron que fuera el suyo el que se hubiera quemado «porque cuando estaba ardiendo nosotros aún teníamos luz».

Sin luz hasta las diez

Al lugar acudió el concejal de Obras y Servicios de Culleredo, Narciso Marzoa, quien explicó que, al tratarse de un incendio interno, era la comunidad de vecinos la que tendría que resolver la recuperación del suministro. «Han llamado a un electricista para que les vaya solucionando el problema casa por casa, pero Fenosa ya no tiene que hacerse cargo», explicó. Finalmente, el suministro se recuperó a las diez de la noche.

En el exterior del portal, los bomberos informaban a los últimos vecinos de que ya podían subir a sus casas. Una mujer se resistía a entrar asegurando que aún le olía mucho a quemado y que prefería esperar, ya que padecía asma. El jefe de los bomberos le aseguró que lo que olía era el polvo de los extintores y que no suponía ningún peligro para su salud. Ante la insistencia de la vecina, el agente le recriminó que era más dañino el cigarro que se estaba fumando.