El misterio de Julius

J. Becerra / N. de la Fuente

A CORUÑA

Un alemán vagabundea por la ciudad, tiznado y envuelto en bolsas de basura. Rechaza la ayuda y dice que así es feliz

24 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Soy un ciudadano del mundo, me encuentro bien y soy feliz». Esas son las explicaciones de Julius sobre su modo de vida. Se las ofreció a los miembros de la Cruz Roja en una de las muchas ocasiones en las que acudieron a prestarle ayuda. Muchos vecinos, alarmados al verlo con la piel tiznada y envuelto en bolsas de basura, no pueden evitar ni la preocupación ni la compasión. «Que hagan algo con él porque un día se va a morir en la calle», demanda una vecina de la plaza de Santa Catalina, que llegó incluso a comprarle ropa.

Pero Julius no acepta ayuda. Dice que lo suyo es algo voluntario, que quiere vivir así. Y así vive desde hace aproximadamente unos tres años en la ciudad. Procedente de Alemania, se le empezó a ver en el verano del 2006. Según las explicaciones que dio a algunos vecinos, llegó en un barco y el barco zarpó sin contar con él. Inicialmente se plantaba en la calle Real con un cartel que indicaba «40 céntimos» y con lo que recaudaba tiraba el día.

Entonces Julius era un muchacho rubio, con estética surfera y apariencia sana. Pero, progresivamente, su aspecto físico se ha ido deteriorando hasta lo que se puede ver hoy en día: un hombre siniestro, con la piel ennegrecida y que camina por la ciudad cabizbajo, inmerso en su propio mundo. Sin embargo, cada paso que da es mirado por el resto de los ciudadanos, que no dejan de preguntarse cómo ha llegado hasta ahí.