La ONCE y empresarios hosteleros inician una campaña para facilitar el acceso de los perros guía a locales y transportes
22 dic 2009 . Actualizado a las 11:39 h.Llelco
, Koala , Magye y Exina no se colaron ayer en el hotel Atlántico, aunque podrían haberlo hecho y pasar completamente desapercibidos. De hecho, hasta a los camareros les costó darse cuenta de que entre los manteles del desayuno se encontraban los cuatro lazarillos. Acompañaban a Juan Lamas, Juan Calvelo, Denisse Quintela y Ana Castro, todos ellos personas ciegas que ayer hablaron de lo mucho de autonomía que les deben a sus perros guía.
Los cuatro labradores se llevaron sin pretenderlo todos los flashes y elogios en una cita organizada por la ONCE y la Asociación de Empresarios de Hostelería para presentar la campaña Colabora sin reservas , dirigida precisamente a sensibilizar sobre el derecho de las personas invidentes a acceder con sus lazarillos a cualquier espacio, local, servicio o transporte público. Restringir su entrada lleva aparejadas sanciones económicas de entre 500 y 3.000 euros.
«La verdad es que los problemas cada vez son más excepcionales -explicó Dolores Venancio, presidenta del Consejo Territorial de la ONCE en Galicia-, cada vez hay menos quejas porque la gente está más sensibilizada; la mayoría de las veces los clientes de un restaurante se dan cuenta de que está cuando ven salir al perro; su comportamiento es ejemplar».
Los cuatro propietarios confirmaron que así es, ahora. «Hay quien le quiere incluso dar de comer», explicaba Juan Lamas. En su caso, el único problema que le plantearon fue en un centro médico de Carballo, coincidiendo con el comienzo de la pandemia de la gripe A, «por la ventilación», explicó. Más rechazo ha vivido una de las personas que en Galicia lleva más tiempo contando con la ayuda de un perro guía, Ana Castro, quien recordó que al principio, hace 18 años, «me ponían problemas en locales de hostelería, en los taxis e incluso en un hotel de Ferrol no me dejaron entrar; otras veces, en los restaurantes no se negaban a servirme, pero fuera del comedor».
Denisse, de 26 años, también ha tenido que sortear alguna dificultad con Magye , fundamentalmente «para montar en algún taxi o entrar en algún local». Sin embargo, Juan Calvelo no ha sentido que su perra Koala despertase rechazo alguno. «Menos quitarme e poñerme a roupa, axúdame en todo; non se pode explicar con palabras o que che pode axudar un can guía», insistió este vecino de Suevos. Además de en la movilidad diaria -a Juan Lamas su perro Llelco le permitió conservar el trabajo-, también descubrieron otra aportación a veces tan importante: «A mí Exina me hace levantarme cada mañana, me ayuda anímicamente», recalcó Ana.
En Galicia, 23 personas deficientes visuales cuentan con la ayuda de un perro guía para moverse, 14 de ellas en el área coruñesa, donde, ahora mismo, tres personas esperan a poder contar con uno. «El proceso de formación es largo y costoso», explicó Belén Regueira, de la ONCE. De media, dos años de preparación e instrucción y entre 24.000 y 35.000 euros.