Trescientos universitarios decidieron celebrar su particular Nochevieja para despedir las clases. Luego, en el botellón Méndez Núñez, se reunieron unos dos mil
18 dic 2009 . Actualizado a las 11:42 h.El fin de año universitario coruñés se ha institucionalizado. Lo han hecho los estudiantes, que acudieron en masa a la llamada anónima que pululaba en facebooks, twentis, fotologs y demás redes sociales digitales. Alrededor de unos 300 se plantaron a medianoche en María Pita cumpliendo dos requisitos: ganas de pasarlo bien y 12 golosinas para emular las tradicionales uvas de Nochevieja. Y la fiesta fue total.
«Junto al jueves antes de Semana Santa y el San Juan este es el mejor día del curso», explicaba Rocío Calvelo, una estudiante de Magisterio Infantil. Llevaba una diadema simulando los cuernos de un reno. Su compañera Sulena Meizoso, un gorro de Papa Noel: «Es nuestra primera vez y está genial. Para el año que viene seguro que repetiremos». A su lado, Carmen Pena, las secundaba y eufórica prometía volver a pasar frío el mismo día en el 2011.
Porque frío hacía y mucho. Quizá por la ilusión óptica de los focos, la mayoría optó por arremolinarse junto a la estatua de María Pita. Pero el calor venía a golpe de sorbos de champán o bailando canciones coreadas en grupo. Tanto daba: igual valía la versión a lo hincha de futbol del Seven Nation Army de los White Stripes, que el A tu lado, de Operación Triunfo. La cuestión era expulsar hacia fuera esa alegría de vivir que se siente entre los diecimuchos y los veintipocos. Pese a ser un fin de año distinto, no faltó la eterna polémica. «!Ya hay que comerlas!», le comentaba María, una estudiante de Económicas, a su novio en cuando escuchó la primera campanada. «Que no, ¡que son los cuartos!», le contestaba él con las doce gominolas en la mano. Tampoco faltó el atrezo. Matasuegras, gorritos, collares hawaianos y, por supuesto, muchos trajes de noche y tacones. ¿El smoking? «Eso ya no se lleva», comentaba un estudiante de Caminos vestido con chaqueta y corbata.
Riadas hacia Méndez Núñez
Finalizada la celebración, tocaba volver al escenario de cada jueves: los jardines de Méndez Núñez. A los provenientes de María Pita se sumaban otros que llegaban de cenas en restaurantes o de fiestas en pisos. Sobre las doce y media el Obelisco estaba abarrotado. Juana de Vega también y los jardines, como si de un imán se tratara, empezaron a atraer a los jóvenes que llegaron a los 2.000. Una inmensa mayoría prometía la misma secuencia: ir a la zona de pubs, a las discotecas y retornar a casa de día.
«Volvemos en bus urbano», aseguraba Miriam Pérez. Advertía que hasta por la mañana temprano no empezaba a funcionar. ¿Y quedará todo limpio? «Nosotros cuando vamos a los jardines siempre recogemos todo», aseveraba. Lástima que no todos hagan lo mismo.