La esvástica entra ya en las visitas guiadas a San Amaro

A CORUÑA

Sin ser visible, el panteón nazi merece atención especial en el cementerio

06 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Nadie se atrevió ayer a encaramarse a la escalera que salva los buenos metros de altura para asomar la nariz por detrás de los nichos y que «el águila te dé en la cara», como describió gráficamente el guía, Suso Martínez, pero el pasado nazi en la ciudad es ya una de las paradas de las visitas guiadas por San Amaro. «Aquí, donde estamos pisando ahora, estaban las 16 tumbas de los soldados alemanes», explicaba al cerca de medio centenar de personas que se sumaron ayer al recorrido por el cementerio.

Ocultas, tras el muro, continuó el experto, permanecen no solo una, sino dos esvásticas, así como el bajorrelieve del águila central y la leyenda del mausoleo señalando que allí yacían los soldados alemanes. No es visible, pero esa es la simbología que queda después del traslado de los restos, en los años ochenta, a Cáceres. «No es un descubrimiento de ahora -aclaró-, el panteón estaba documentado históricamente». Entre el público, alguien aportaba incluso bibliografía sobre el tema.

Las huellas de una participación «no oficial, pero sí de lleno», como describió el guía, en la Segunda Guerra Mundial centraron la primera parada en el cementerio civil, donde el historiador hizo un rápido repaso de ejemplos: el envío de la División Azul al cerco de Leningrado, «donde murió el cabo Ponte Anido», apuntó, y también la vinculación germana con Vigo, donde se instaló una base marina que el ejército nazi usó hasta 1943. Ese mismo año, en Estaca de Bares, otro de los puntos geográficos destacados en una guerra en la que España intervino oficiosamente, un avión inglés hundió un submarino alemán, y tres aeronaves de la Luftwaffe devolvieron el golpe.

De un aviador germano, Franz Wynen, fallecido el 7 de septiembre de 1943, es una de las lápidas ante las que ayer se detuvo la visita guiada. Está, también, en el cementerio civil, en la pared situada enfrente a donde se esconde el paso de la Alemania de Hitler.

Los episodios más negros de la historia aparecen salpicados en el enjambre de tumbas y nichos del monumental cementerio, donde son muchos también los capítulos luminosos. En unos y otros, ominosos y ejemplares, son los muertos los que hablan de la mucha, diversa y variada vida coruñesa de los casi dos siglos enterrados en San Amaro. Muy cerca del panteón nazi, bajo un gran árbol, reposan los restos que estaban en lo que hoy es la Casa de las Palabras, con miembros de la guardia mora de Franco; al lado está el cementerio británico, y en el camposanto, políticos, dirigentes, artistas, literatos, intelectuales... «de derechas, izquierdas y todas las tendencias», insistía el guía de un recorrido con parada y recuerdo ante los antepasados de A Coruña, capital liberal de Galicia.