Anasagasti dice que el Rey no se merece una calle en la ciudad

A.?M.

A CORUÑA

El senador y ex portavoz del PNV en el Congreso Iñaki Anasagasti ofreció ayer una conferencia en la Casa-Museo de Casares Quiroga en la que glosó su último libro, Una monarquía protegida por la censura, que recoge sus desencuentros con el Rey y sus opiniones críticas sobre la familia real.

Durante el acto, organizado por el Instituto Galego de Estudos Europeos e Autonómicos, Anasagasti respondió una pregunta a uno de los asistentes, que quiso saber qué le parecía al político vasco que A Coruña tuviese una avenida con el nombre de Juan Carlos I (esa será la denominación oficial de la tercera ronda, según acordó el Ayuntamiento). Anasagasti, primero en broma, respondió que no volvería jamás a la ciudad. Luego explicó que el Rey debería aprender gallego o hacer algo por A Coruña para merecer esa calle.

También explicó que la relación de deferencia y simpatía con la que le trataba siempre el Rey se rompió a raíz del almuerzo que mantuvieron los Reyes con los portavoces del Congreso en el 2003, tras el que el parlamentario del PNV defendió ante don Juan Carlos la necesidad de que España no apoyara la guerra en Irak. Según afirma en su obra, el entonces portavoz del PNV en la Cámara baja le dijo al Rey que, si le gustaba la guerra, «por qué no se iba a Irak o mandaba a su hijo a aquella locura», un comentario que a don Juan Carlos «lógicamente no le gustó».

El senador nacionalista incluye en el libro sus iniciativas parlamentarias relacionadas con la Corona y cartas suyas dirigidas al Rey. Anasagasti considera equívoco el papel del Rey el 23-F y lo responsabiliza del alzamiento militar, ya que, afirmó, en el mes anterior al golpe de Estado don Juan Carlos se reunió en numerosas ocasiones con el general Armada. Y para apoyar su argumentación recordó que en el libro de Javier Cercas sobre el 23-F se hablaba de este asunto.

Iñaki Anasagasti, que estuvo acompañado en la presentación de su libro por el vicepresidente del IGEA, Antonio Campos Romay, aseguró, además, que «en España existe la censura; no se puede hablar del Rey», y dijo que no entendía por qué el Tribunal de Cuentas no investigaba cuestiones como los regalos que el monarca recibía de sus amigos.