«Queda poca farándula en ser actor»

A CORUÑA

Mañana estrena en el Rosalía «Silenciados», una obra con la que lleva tres años cosechando éxitos. Se hizo esperar, pero ahora toca, por fin, presentarla en casa

21 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace once años dejaba su ciudad natal para embarcarse en una aventura teatral en Madrid que terminó dando sus frutos. Gustavo del Río vuelve ahora a casa con Silenciados, una obra premiada, entre otros, en el festival Absolut Gay de Dublín, que mañana recala en el Rosalía a las 20 horas en el contexto del festival A Coruña Visible. Trata sobre cinco casos reales de personas asesinadas por sus tendencias sexuales. Una historia no demasiado fácil de contar: «Lo que tuve claro desde el principio es que no quería un dramón, que bastante dramática es ya esta realidad. Durante la representación, el público incluso se ríe, aunque termine preguntándose por qué», explica el autor, director y actor.

Creció en el barrio del Ventorrillo con la firme convicción de convertirse en veterinario, algo que la musa Melpomene se encargó de frustrar: «Me matriculé en Químicas, después en Magisterio... Pero lo que saqué en claro de aquellos años es que lo mío era el teatro, en el que ya andaba metido desde los 15 años. Me fui a Madrid a estudiar arte dramático y, con 22 años, fundé la compañía», recuerda Gustavo. Se refiere a Sudhum (viene de Sueños de humo), el grupo que dirige con la ayuda, entre otros, de la también coruñesa Rebeca Vecino: «Ella se ocupa de la compañía infantil, que es realmente la que mantiene a la adulta». Y es que, siempre con una carga social como consigna, Sudhum tiene obras que enseñan a los niños a controlar sus esfínteres, a evitar celos ante la llegada de un hermanito o a resolver conflictos sin violencia: «Es teatro a la carta. Los educadores nos proponen el tema y nosotros hacemos la obra», apunta Gustavo, que presume de «ir tirando con una compañía que no está subvencionada».

Profesión seria

«Para hacer teatro no se necesita un escenario, sino una sólida estructura legal», asegura refiriéndose a su aventura como empresario. «Empecé muy joven, y me mareaban los términos legales. Pero con el tiempo aprendes estas cosas ajenas a la interpretación», insiste. Poco queda de los juveniles sueños de bohemia: «Esta es una profesión muy seria. Queda poca farándula y locura en ser actor cuando vives de esto».

Hace décadas que se viene hablando de la crisis del teatro, pero las salas están cada vez más llenas: «Es que en épocas de crisis la gente necesita evadirse», razona el actor. De todos modos, asegura que no son buenos tiempos para las artes escénicas, al menos a nivel presupuestario. De hecho, Gustavo es un pluriempleado, que trabaja para otras compañías y da clases de interpretación y de animación a la lectura: «No tengo muy claro si soy actor, profesor, animador cultural... O qué habría pasado si hubiese hecho veterinaria. Lo único seguro es que sería algo relacionado con el arte», sentencia.

Lleva tres años representando Silenciados por toda España, que ahora pondrá en escena por Sudamérica «si la economía lo permite». Pero antes, lo hará en casa: «Impone, créeme. Estoy nervioso. En el Rosalía hice el Don Mendo con 16 años, pero esto es otra cosa, digamos, menos convencional. Espero que le guste a mi familia», dice entre risas.