Cocina de siempre rodeada de arte

A CORUÑA

Los restauradores de A Mundiña van más allá del cátering y crean una galería en ?la que las comidas de empresa y las celebraciones se hacen ante obras pictóricas

21 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Las dos cabezas del restaurante A Mundiña son Rafa Varela y Álvaro Ameijenda; las manos que rigen la cocina pertenecen a Silvia Facal. Los tres están en la treintena, pero acumulan cuatro años de éxitos en el restaurante A Mundiña y un currículo que comenzaron a hacer a los 17 años y en el que figura su paso por diferentes establecimientos o haber preparado cenas para la visita del Rey a la ciudad, la reunión que supuso la fusión de Gas Natural y Unión Fenosa y las comidas de los premios Fernández-Latorre, que sirven desde hace seis ediciones.

Rafa Varela no esconde su secreto: «Pescado de primera, que conseguimos directamente en la lonja y que evisceramos allí para que no pierda ni un ápice de sabor, y preparado de forma tradicional por Silvia», su mujer. Con esta receta han conseguido hacerse con una clientela fiel tanto en el local que poseen en la céntrica calle de la Estrella como en el ubicado en el polígono de A Grela, en el número 28 de la calle Copérnico. En este restaurante han comenzado un maridaje del que están muy orgullosos: «Fue casi por casualidad, pero convertimos una sala para celebraciones de 400 metros en una galería de arte, donde se puede comer entre las obras de artistas gallegos», explican en un local en el que también han cuidado que la estética sea vanguardista, aunque sin contagiar a la carta.

Los dos propietarios tienen claro que lo suyo son las carnes, el marisco y los pescados gallegos, preparados con las recetas de antaño, aunque con una presentación moderna. Y es la gran demanda de la cocina de siempre la que está incrementado el número de comidas por encargo, cada vez más, con más nivel y para más gente. Todo un reto. «Sobre todo, porque la materia prima que utilizamos es única y a veces es complicado encontrar en abundancia», explican. Precisamente porque su carta bebe de las capturas diarias de los pesqueros siempre pueden ofrecer sorpresas.