Teresa Castro lleva diez años trabajando en la pastelería Carnoedo, en Fonteculler, y reconoce que es uno de los mejores trabajos que ha tenido porque la dulzura la rodea por todas partes.
-¿Le gusta su trabajo?
-Me encanta, es un trabajo muy dulce -dice sonriendo-. Creo que es muy bonita; además, ya me he acostumbrado a trabajar los fines de semana.
-Y la crisis, ¿se nota a la hora de vender pasteles?
-Para nada. Los dulces se venden igual. Con la crisis la gente se quita de otras cosas, pero no de los pasteles.
-¿Qué productos son los que más se venden?
-Quizás sean los pasteles pequeñitos, aunque las tartas también se venden bastante bien.
-¿Y qué recomienda para llevar?
-Hacemos una especie de milhoja, que se llama esfollada y que lleva una crema especial de almendra. Está muy rica. Yo creo que el secreto de esta pastelería es que la gente puede venir y tomarse un café, mientras degusta cualquier producto de los que tenemos en el establecimiento.
-¿Y usted también tiene que hacer pan?
-¡No! -se ríe-. Solo vendo, sonrío al público y vendo.
-Al menos no tiene que madrugar...
-Algo madrugo, me levanto a las ocho. Pero no me pego los madrugones de los que hacen el pan y los pasteles. Es lo bueno que tiene.
-Por lo que dice, está encantada en su trabajo...
-No lo cambiaría. Además, tengo buenos jefes, aunque echo de menos dormir los domingos.