Espero no interceder ni inmiscuirme en lo que han escrito ilustres firmas estos días sobre la figura y la vida de la condesa de Fenosa, Carmela Arias y Díaz de Rábago, tras su fallecimiento el pasado martes. Pero no me resisto a hacerlo porque hace no muchos años (concretamente en 1988) tuve la satisfacción de conocerla y tratarla personalmente cuando recogía datos y fechas para una biografía de su marido, Pedro Barrié de la Maza, empeño que acepté tras una petición al alimón del entonces presidente de Fenosa Julián Trincado Settier y de su jefe de prensa Ramón Barros. Ello ocurría a finales del verano y se trataba de rendir homenaje antes de finalizar ese año a Pedro Barrié con ocasión del centenario de su nacimiento. Había por tanto prisa e inicié mis investigaciones entrevistándome con numerosas personas y personalidades, así como amigos y familiares del prócer coruñés.
Y entre ellas naturalmente a su viuda Carmela Arias y Díaz de Rábago. La primera entrevista con ella fue para solicitarle que escribiera un prólogo, a lo que accedió tras mucho insistir. No era partidaria de una biografía de su marido «porque solo podría resultar una relación de hechos, pero no el por qué de estos hechos, no el espíritu que motivó e impulsó toda la obra de Pedro Barrié». Finalmente accedió y me entregó un magnífico y sentido texto en el que resaltaba: «¿Voy a poder trasladar al ánimo del lector la profunda fe, la profunda esperanza, el inmenso amor y optimismo, esa juventud de espíritu que, en medio de deslealtades e ingratitudes, supo siempre conservar?». Para añadir «creo sinceramente que el relato de su vida, de todo lo que motivó su vida puede servir de estímulo y empuje a la juventud, esa juventud por la que luchó, vivió y murió». Y terminaba la condesa con una frase de Barrié: «Sí puedes, pero no debes. Esto es lo que ha hecho de mi vida la razón de vivir». En sucesivos encuentros siempre inquiría la procedencia de algunos datos que yo aportaba, mostrándose en muchas ocasiones contraria a su veracidad, según la fuente obtenida. Ello me descubrió a una mujer de aspecto frágil pero con gran carácter, culta, con la sensibilidad suficiente para dirigir, con suave guante, la difícil tarea empresarial heredada de su marido.
La última entrevista la celebramos en su pazo de A Pobra do Caramiñal, durante una agradable comida en la que hablamos de arte, de su antepasado Pedro de Agar, regente de España en 1810, de las correrías de la condesa por la Ciudad Vieja coruñesa con 7 años, de sus padres Vicente Arias de la Maza y Carmela Díaz de Rábago?
Estos son los recuerdos que me dejaron aquellas entrevistas con Carmela Arias y Díaz de Rábago, sensible, culta, religiosa y de firme carácter que, tristemente, se nos ha ido este otoñal mes de octubre.