Todos los portavoces de los grupos municipales hicieron ayer un ejercicio de memoria recordando los «hitos» en la polémica sobre el topónimo coruñés. El primero en echar la vista atrás fue el portavoz de los populares, Carlos Negreira, asegurando que el PSOE siempre había enarbolado la bandera de la cooficialidad hasta que firmó el pacto de gobierno con el BNG en mayo del 2007. Según explicó, el PSOE definitivamente cambió de postura cuando en el pleno de julio del 2008 tomó la decisión de retirar el recurso judicial en defensa del topónimo de La Coruña «condicionado por las presiones de sus socios nacionalistas que han logrado imponer el monolingüismo excluyente». Según Negreira, aquel pacto con el Bloque y la renuncia al recurso judicial «dejaron sin efecto el acuerdo tomado en el pleno del 2004 en defensa del topónimo castellano -siendo alcalde Francisco Vázquez- y en consecuencia es necesario volver a debatir y volver a votar esta propuesta porque las cosas han cambiado mucho en esta ciudad desde entonces», aseguró el portavoz popular.
Para Carmen Marón y el alcalde, las cosas no cambiaron tanto y aseguraron que siguen siendo los mismos y «en el mismo lugar y con la misma gente». La portavoz socialista aseguró dirigiéndose al PP que la historia «no es tan idílica como nos cuentan». Recordó que la Lei de Normalización Lingüística, aprobada en 1983, dice que los topónimos tendrán como única forma oficial la gallega, así como otra aprobada por el Gobierno del PP en el 98 cambió el nombre de las provincias de La Coruña y Orense por sus formas en gallego. Marón insistió en que el gobierno local tuvo que recurrir ante los tribunales y a presentar una iniciativa plenaria aprobada en el 2003 (con la abstención del PP) para recuperar el nombre de la ciudad en castellano. Ambas vías no tuvieron éxito y, de hecho, la Xunta advirtió entonces que el pleno era «un órgano incompetente» para decidir sobre esas cuestiones.
Tello, aunque no recurrió tanto al pasado como a las citas literarias, aseguró que el pacto de gobierno les «chirría» porque no saben qué es el diálogo y la convivencia política. También preguntó a Carlos Negreira Souto si cambia sus apellidos cuando habla en castellano, «porque tería perdido vostede parte da súa historia».