Una conferencia polémica

Carlos Fernández

A CORUÑA

Que personas que no simpatizaban con el régimen, aún en los sesenta, diesen conferencias era algo mal visto por sus autoridades, aunque cumpliesen con todos los requisitos legales. Una de ellas fue la que dio en 1964 en el Colegio de Abogados coruñés el joven economista y profesor Ramón Tamames sobre el tema, en teoría inocuo, Problemas de la agricultura española , ampliamente tratado en sus libros, especialmente en Estructura económica de España , utilizado en varias facultades.

Tamames ya había visitado la cárcel de Carabanchel por los incidentes estudiantiles en Madrid en febrero de 1956 y en los que estuvo a punto de morir, alcanzado por un disparo, el joven miembro del Frente de Juventudes Miguel Álvarez. Con Tamames habían sido detenidos otros como Enrique Múgica, Javier Pradera, Gabriel Elorriaga y el falangista arrepentido Dionisio Ridruejo. Curiosamente, en la nota policial dada a la prensa, se trataba de don a los encarcelados.

La charla fue pronunciada en el salón del Colegio de Abogados el 15 de julio del 64, que, según La Voz, se hallaba «totalmente abarrotado, por cuanto la disertación había suscitado extraordinario interés». El decano del Colegio, Iglesias Corral, estaba algo intranquilo y había comentado con el también abogado Marcelino Lobato que, dado su historial (fue en 1932 alcalde de A Coruña y en 1935 fiscal general de la República), había que andar con cuidado. Para darle mayor tranquilidad, asistió el presidente de la Audiencia Provincial, Jaime Castro, al que acompañaba el catedrático de Derecho Político de la Universidad de Santiago, señor Lucas Verdú.

Presentó al conferenciante el señor Iglesias Corral, que estuvo críptico en algunos párrafos: «Las leyes pueden amontonarse como las nubes en un cielo cerrado. A veces, pasan sin dejar huella, como las nubes». No había que olvidar que las leyes del régimen franquista, como los principios fundamentales del Movimiento, eran permanentes e inalterables . Luego calificó a Tamames como «uno de los mejores hombres de nuestro tiempo».

Comenzó el conferenciante diciendo que la agricultura española estaba en crisis de transformación y que mientras la industria podía permanecer libre, la agricultura estaba sujeta a una intervención estatal.

Ataque a terratenientes

Comentó el absentismo de los terratenientes y defendió medidas para transferir a los cultivadores directos las tierras que los propietarios no cultivan por sí. Solo le faltó decir la frase preferida del socialismo: La tierra, para quien la trabaja . Sobre la comercialización, señaló que había excesivos intermediarios que se lucraban de tal manera que el precio del producto experimentaba un aumento del 200 al 500% o comparado con su precio de origen y que los márgenes comerciales (del 80 al 90%) eran mayores que en el resto de Europa.

«Hay que evitar -dijo- que ante una oferta atomizada, sigan imperando los monopolios de distribución». Finalizó fijando las directrices que, en su opinión, debería tener una verdadera reforma agraria.