Vecinos de la rúa Nova de Betanzos acusan a una familia gitana de generar altercados y condiciones de insalubridad
15 sep 2009 . Actualizado a las 14:08 h.Los vecinos de la rúa Nova de Betanzos están en pie de guerra contra los que consideran «unos vecinos muy molestos». Sus reuniones en el Ayuntamiento son constantes para quejarse del comportamiento de una familia gitana «que altera la vida de la que era una zona muy tranquila».
Precisamente ayer se celebró un nuevo encuentro con el concejal de Seguridad Ciudadana, José Luis Cobelo, al que plantearon y detallaron las quejas, algunas escabrosas. Uno de los portavoces es Enrique Javier García, quien describe con cierta crudeza su día a día en la calle en la que reside: «Colapsan la circulación aparcando donde quieren, tiran basura por la ventana, nos han rayado coches y fachadas, ponen música muy alta en sus vehículos en horas de dormir, y a veces orinan desde el balcón». Esta situación se perpetúa de forma desesperada desde hace algo más de tres años. «Primero llegó una familia en el 2003, pero no podemos decir que nos hubieran causado problemas -recuerda Enrique García, padre del anterior-, fue posteriormente cuando el resto de la familia se fue incorporando a partir del 2006».
Desde entonces, rara es la semana en la que no ocurre un altercado, como el que vivió recientemente Fernando Vicos, cuando descubrió a varias personas subidas sobre su coche y tuvo que encararse con ellos. «Y cuando les dices algo, encima te llaman racista», añaden.
Los dos Enriques son la excepción a la ley del silencio que reina en la calle, porque no son muchos los vecinos que se animan a hablar públicamente del conflicto. «Temen posibles represalias», dicen. Porque hay historias pasadas que han calado entre los residentes. «Hace años llegaron a verse armas», dicen.
El común de los viandantes de Betanzos hace mucho tiempo que evita atravesar la rúa Nova, ubicada en la zona en la que el Concello tiene previsto iniciar precisamente su programa de resurrección del casco histórico. Pero los constantes altercados hacen inútil cualquier esfuerzo de venta en los inmuebles de la zona para ser rehabilitados. «Aquí tardo o temprano va a haber un problema muy serio», previenen padre e hijo, hartos de la misma pesadilla.