Las reinas del mercado

A CORUÑA

Amparo e Isabel, madre e hija, llevan más de veinte años vendiendo ?pescado y marisco y repartiendo alegría en la plaza de Santa Lucía

30 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Tener dos hijas a las que no les gusta el pescado es más que una lucha diaria a la hora de la comida si tu negocio está en la plaza de Santa Lucía y hace del marisco y la merluza fresca los productos más vendidos.

Amparo Lema tiene 62 años y decidió hace ya más de veinte invertir sus ahorros en abrir un pequeño puesto de pescado. Creyó que ella sola podría despachar sin agobios a los primeros clientes, pero la calidad de sus productos y el trato dulce que destacan los que la visitan comenzaron a hacer crecer la demanda y con ella la carga de trabajo.

Fue hace cuatro años cuando Isabel, que se había formado para ser peluquera, se decidió a echarle una mano a su madre y se puso el delantal y los guantes. «Tuve que cambiar el chip. El olor a pescado que siempre me había provocado repulsión y el manejo del marisco se convertían en el pan de cada día», afirma Isabel.

Consejos

En pocos días, la hija atendía con la misma soltura que su madre a todo aquel que se acercaba al puesto en busca de un poco de conversación, consejos para la mejor elaboración de los platos y unos productos siempre frescos.

Y la demanda siguió creciendo. Pero Amparo tenía otra hija y no necesitó contratar ningún empleado con experiencia. A los 25, convencer a una joven de que trabajar en la plaza es sacrificado pero agradecido, como aseguran las veteranas, no es tarea fácil. A la pequeña, Cristina García, le gustaba incluso menos el pescado que a la mayor, pero ahora las dos lo comen que da gusto verlas, tal y como asegura su madre.

Se levantan a las tres y media de la madrugada y siguen la misma metodología para llevar los productos a su puesto. Van al muelle y compran el pescado que saben que se venderá seguro y algo de reserva por si se encuentran con lo que ya denominan un milagro: «La gente no ha dejado de comprar marisco con la crisis, lo que han reducido son las raciones que sirven en sus casas. Eso nos ha hecho mucho daño, porque el precio está rozando cantidades de risa en muchas ocasiones», asegura Isabel.

Trato personalizado

Madre e hija aseguran que el trabajo en la plaza tiene un encanto especial. Que a diferencia que otros establecimientos dedicados a la venta de alimentos de mayor tamaño, el trato personalizado es el valor añadido que las lleva a tener ya una buena lista de clientes fieles.

Con el número 34 lo reconocen los clientes ocasionales; los más fieles se dirigen a su negocio a tiro fijo. Isabel y sus hijas son el ejemplo de tres generaciones a las que les une un negocio familiar y al que el tiempo las ha hecho ser conocidas por los amantes del marisco.

El mercado de Santa Lucía se queda un poco más vacío con el tiempo. Apenas una decena de negocios siguen ofreciendo sus productos. Isabel tiene la esperanza de que una nueva generación se haga cargo del puesto cuando se necesite ayuda, pero espera que todavía falten muchos años. Lo tiene difícil, porque a su hija tampoco le gusta el pescado, pero a juzgar por la historia que comenzó Amparo todo es posible.