Un mecánico alemán ha convertido ?su espectáculo de títeres en la gran atracción de la calle Real
28 ago 2009 . Actualizado a las 12:06 h.Sabe tocar el violín de su marioneta sin conocer ni pizca de la teoría del solfeo y hace de No llores por mí Argentina su tema más exitoso. Cuando se le pregunta dónde vive responde que mejor sería preguntarle dónde no ha estado en lugar de a dónde se dirige.
Con esta carta de presentación, Diego, un trotamundos de nacionalidad alemana y 46 años, hace de la calle Real su escenario particular desde el miércoles ataviado con un sombrero que le da un aire al más puro estilo de cantante de country .
Recibe monedas de cobre, pero sobre todo de las de uno y dos euros y algún billete, aunque también cobra en especies porque como él mismo asegura «lo que cuenta es la voluntad». Ayer, desde las cafeterías cercanas se le llevaba té y horchata para que recuperara fuerzas y no dejase de hacer sonar los temas más aplaudidos por hosteleros, comerciantes, turistas y paseantes.
Su perro francés Tammy lo acompaña en cada viaje que emprende desde hace diez años y que desde hace cuatro lo llevan a recorrer España de punta a punta. El can ladra en cinco idiomas, como Diego asegura, a todo aquel que alargue la mano más allá de la funda del violín de su títere, donde rebosan las monedas que premian un talento desconocido. «¿Cómo puede hacer sonar el violín que trae incorporado una vieja marioneta sin haber pisado una sola clase de música ni saber coger el mismo con sus manos el instrumento de cuerda?», se preguntaban ayer desde las puertas de los comercios y viviendas cercanas.
De mecánico a titiritero
En Fráncfort ejercía como mecánico de coches, barcos y hasta aviones, y afirma que la falta de trabajo aquí en lo suyo le hizo agudizar el ingenio para salir adelante: «Con el oficio de titiritero me llega para vivir y hasta para ahorrar», asegura.
Dice que no tiene casa aquí pero que la mitad de sus ahorros los destina a alimentar a sus diez burros, que viven en una granja de Astorga con otros dos compañeros de aventuras, y que les ayudan en su segundo empleo: animador infantil.
Estos animales entretienen a los niños en ferias, fiestas de pueblo y hasta para llevan a cabo actividades de animación con niños discapacitados. «Los burros son muy dóciles, y a los niños les encantan», señala.
Cuando se le pregunta si sabe lo que es la morriña él dice que Alemania no le ha dado en 40 años las sensaciones que A Coruña le ha proporcionado en un par de días: «Aquí estoy a gusto, se puede pasear con libertad y sin el abarrote de gente que hay en Alemania».
A pesar de todo, abandonará la ciudad en unos días porque tiene que cuidar de sus burros «y porque si me paro mucho tiempo en una ciudad no podré visitarlas todas», asegura. Volverá a casa por Navidad porque sus padres lo echan de menos a él y a las melodías que sonaban en su casa las tardes de invierno.