Casa perpetua para la Torre

A CORUÑA

La prisión provincial está muy cerca de convertirse en un museo interpretativo ?del faro romano. Lleva once años en estado de semiabandono. Esta es su radiografía

06 jul 2009 . Actualizado a las 12:23 h.

La prisión provincial de A Coruña es una foto fija, la misma hoy, ayer y mañana. El tiempo se paró en julio de 1998, cuando Instituciones Penitenciarias decidió dejarla al capricho del polvo y el óxido. Tres galerías de celdas cargadas de tétricas historias con sabor a venganza de posguerra. Pero si todo sale según los planes del Ayuntamiento, estas gruesas paredes borrarán las historias anónimas del siglo pasado para contar los casi dos mil años de su vecina de enfrente, la torre de Hércules.

Pero antes de que ese momento llegue, hagamos la última radiografía de la cárcel, en la que algo más de una veintena de presos cumplen el tercer grado o una condena que hacen compatible con la salida al exterior para buscar trabajo. La dejadez con que el Ministerio del Interior ha condenado a la prisión se traslada también al número de funcionarios; basta uno para todo: abrir la puerta, vigilar la pantalla, atender a los presos, cerrarles las celdas cada noche y abrirlas a la mañana siguiente. Por suerte, los usuarios son de corte dócil y apenas se han registrado incidentes (¿cómo sería un motín de 25 contra uno?).

Una vez dentro, la prisión tiene un halo catedralicio porque obliga a hablar en un tono bajo y a mirar hacia arriba, a esa cúpula naranja en la que confluyen las tres galerías. Pero por dentro el resultado es una bóveda con la pintura blanca arrancada a tiras, una especie de psoriasis mural. Pese a todo, es el orgullo de los residentes. «El que la hizo la calculó al milímetro», dice un preso.

Grietas en el patio

Entramos en el patio de los jóvenes. Es de cemento, pero la naturaleza ha tenido tiempo y paciencia para invadir sus grietas con plantas y hierbas de todo tipo. Desde esa cancha se observa la escuela, que mantiene su pizarra verde y unos muebles carcomidos. Al propio funcionario le cuesta adivinar el acceso porque en cinco años que ocupa en su puesto en A Coruña no ha tenido la necesidad de entrar. Al fondo de la escuela, un póster invita a acudir a unas Jornadas de Tratamiento Penitenciario en Madrid. Ya es tarde para apuntarse. Las jornadas se celebraron en 1987.

En el otro gran patio se nota la proximidad del mar, que erosiona todos los elementos metálicos, y de las gaviotas, que no tienen piedad para bombardear desde el aire el que en su día fue lugar de esparcimiento de presos, como si los excrementos de estas aves formasen parte de la condena.