Los agraciados con cinco millones de euros en el 2001 cerraron su peluquería y siguen viviendo en la misma zona
25 may 2009 . Actualizado a las 12:09 h.Verano del 2001. Principios de agosto, con Riazor lleno por el Teresa Herrera. Cerca del estadio, en una librería cuyo nombre revela su ubicación -Peruleiro-, se despacha un billete de la primitiva. Nada especial: una sola apuesta, automática, de esas en las que la máquina decide los números por uno. Nada del otro mundo, excepto porque a los pocos días, el domingo 12, ese boleto es premiado con el bote: 5.042.491,56 euros. O, mejor dicho, 839.212.338 pesetas de aquellas que estaban en curso legal en las referidas fechas, según anunciaba un cartel en el escaparate de la administración donde fue despachado el billete con los números 14-15-26-32-36-37.
Poco tardó en saltar la noticia a la calle. En la zona no se hablaba de otra cosa y se hacían mil y una cábalas sobre la posible identidad del nuevo rico del barrio. O de fuera de él, ya que la presencia de foráneos, dado el mes y la zona, próxima a la playa, y con el Teresa Herrera en juego, era más que abundante. Las habitualmente tranquilas calles que rodean el Peruleiro vivieron esos días el asedio de cámaras de televisión y periodistas a la busca del anónimo millonario. El viernes de esa movida semana aparece, por fin, el propietario del boleto premiado: todo apunta a que los millones fueron a parar a una pequeña peluquería situada en una de las calles aledañas, en Manuel Deschamps. Un letrero colgaba entonces de la ventana del segundo piso que rezaba un escueto: Peluquería Loly. El sábado podía verse otro cartel más en la puerta del establecimiento: «Cerrado por vacaciones». Unas vacaciones que, por cierto, todavía duran, ya que el salón de belleza no volvió a atender a sus clientes.
La propietaria de la peluquería, Loly Sánchez, era la esposa de Alberto Martís. Fue este último -que falleció al año siguiente-, el que selló el boleto ganador. Y lo hizo por casualidad y a costa de la suerte de un amigo: «Siempre sellaban aquí las apuestas. Esa vez vino con otro señor, y pidieron dos automáticas. Cuando salió la primera, el otro señor le dijo a Alberto que se quedase él con ese billete, que el siguiente sería el suyo», recuerda Victoria Ferreiro, propietaria de la librería Peruleiro, que selló aquella apuesta millonaria.
«Dicen que el dinero cambia a las personas. Pues te aseguro que en este caso, nada de nada: son los de siempre», insiste una vecina. Siguen viviendo en el barrio. Con los millones, entre otras cosas, cambiaron de vivienda, pero la familia de la peluquera decidió quedarse cerca de donde residían. De hecho, todavía siguen yendo a probar suerte a la librería que les hizo ricos: «Tanto el hijo como la viuda vienen regularmente a echar la primitiva. Son gente de lo más normal», asegura la propietaria de la librería Peruleiro. Aunque no apuestan por los mismos números que les dieron la suerte hace casi ocho años.
«Gente humilde»
No parece, según cuentan en el barrio, que le haya cambiado la vida de forma radical a esta familia, a la que califican como «gente humilde». Siguen con las mismas amistades y costumbres. Incluso es habitual ver a uno de los hijos de la pareja chateando por los bares de la zona con la misma panda de amigos de siempre. Y es que desde el primer momento quisieron llevar todo el tema con una discreción extrema, que llegó a provocar situaciones cómicas: «Estábamos tomando una caña con el hijo, que ya sabía que le había tocado, y entró en el bar un cámara de televisión preguntando por los de la primitiva. Todos contestamos que no sabíamos, que algo se hablaba por el barrio... Incluso el afortunado, que siguió tomando la caña sin decir nada a los periodistas», cuentan en el bar Sánchez de la calle Fanny Garrido, desde donde puede verse el edificio en el que estaba la peluquería de Loly.
La fortuna parece que ha acompañado a la librería Peruleiro. Aunque el de aquel agosto fue el mayor premio que entregaron, no ha sido, sin embargo, el único: «Hubo alguno de veintitantos millones, pero en la quiniela. De hecho, a la peña de fútbol a la que pertenecemos, y que sellamos aquí las apuestas, nos tocaron 27 millones. Pero es que si vendes mucho tienes más posibilidades de que toque», asegura Victoria Ferreiro, que recuerda aquel gordo como si le hubiese tocado en parte a ella: «Hombre, esto es un negocio, y se trata de vender. Y con la publicidad que le dieron aumentamos la clientela. Los primeros meses era una locura. Y todavía tenemos algún cliente que viene fielmente desde los Castros y desde Monte Alto para echar aquí la primitiva». De todos modos, para esta experta en azar la suerte va con cada uno, «y si está que te toque, te tocará»; una afirmación que hace con base empírica: «En ocasiones te piden una apuesta automática y después rectifican, te dicen que querían dos... El caso es que tuve una sacada durante una semana, sin venderla. Hasta que llegó una señora mayor. Le pregunté si le importaba que le diese esa, que ya estaba impresa, y me respondió que le daba igual. Pues le tocaron seis millones de pesetas. La gente me decía que cómo no me había quedado yo con el billete, pero estoy segura de que si hubiera sido así, no habría tocado», dice la librera, convencida.