La parrocha «parla» catalán

A CORUÑA

Los cerqueros notan la falta de esta especie desde antes del «Prestige». Ahora el Mediterráneo abastece la lonja

20 may 2009 . Actualizado a las 11:53 h.

El más alevín de los alevines de la sardina, la parrochita, las piezas cuyo tamaño aún no permite su comercialización, ya tenía que verse nadando en las aguas interiores de los puertos gallegos, y sobre todo en los de A Coruña y Sada.

Y a su lado siempre se encontraban cardúmenes de chincho o jurelillo, y panchitos, que los más niños de la ciudad pescaban con diminutos anzuelos sin carnada u ocultando la trampa con trocitos de pan. Esos alevines se convertían después de alimentarse con las riquezas de las aguas limpias de las rías en sardina, jurel o besugo, y salían a aguas costeras donde eran capturados por los pesqueros.

Pero esos tiempos pasaron a peor vida. En lo que respecta a la parrocha, los patrones de los cerqueros de A Coruña, de Sada o de aquellos puertos que desembarcan sus capturas en el Muro, pesqueros con base en Malpica, Caión, Mera o Pontedeume, llevan años sin ver brillar la mancha de un cardumen de esta especie. Desde antes del hundimiento del Prestige , allá por noviembre del 2002, la parrocha «desapareceu das nosas augas», coinciden en asegurar varios patrones. Dicen que todo se debe a la contaminación de las rías, a donde venían a desovar los ejemplares adultos. Antes el agua era cristalina, «hasta daba gañas de bebela», ahora todos los residuos oleosos y urbanos «non deixan ver o mar».

Recuerdan que a mediados del mes de agosto la parrocha entraba y se mantenía en aguas costeras coruñesas, hasta finales de septiembre. Los patrones arriaban sus redes y llegaban a capturar hasta doscientas cajas de 25 kilos. Pero el tope permitido era de tan solo 50 cajas. Las tripulaciones bajaban el corcho (la parte flotante de la red) y dejaban escapar viva la parrocha, a excepción del cupo. Ahora pueden capturar hasta cien cajas, «pero é que non vemos unha parrochiña no mar».

Sin grasa, sin sabor

En el Muro se sigue viendo parrocha, pero «o noventa por cen ven do Mediterráneo, sobre todo de Cataluña». Se diferencia muy fácilmente. La parrocha gallega tiene más escama, es mucho más brillante y tiene un color más verdoso «polo bo pasto que hai nas nosas rías».

Y ya no digamos cuando se cocina. La especie que se cría en estas aguas tiene mucha más grasa, mientras que la del mediterráneo es más seca. «A nosa sabe a mar, a sal; a outra, simplemente é unha racha, non ten sabor», dicen los marineros.