El fotógrafo Manuel Valcárcel muestra en una exposición la importancia que tiene el agua como elemento de vida
12 may 2009 . Actualizado a las 11:17 h.Desde la cuenca gallega del río Lor hasta Nueva Zelanda, pasando por China, Chile o Mali; el fotógrafo Manuel Valcárcel ha trazado un itinerario en el que el agua -su existencia o su ausencia- se convierte en la protagonista absoluta. El resultado de este proyecto es la exposición Agua, la sangre de la tierra , que ayer se inauguró en el Centro Sociocultural de Caixa Galicia (Médico Rodríguez), y que permanecerá abierta hasta el 27 de junio.
Según explicó Manuel Aguilar, director de la Obra Social de la entidad financiera, esta muestra tiene un doble valor: «Por una parte el artístico, de expresar con plasticidad y una estética innovadora lo que es el agua para un pueblo, así como las consecuencias de su ausencia. Por otro lado, tiene un valor educacional y un uso didáctico, para enseñar a cuidar un recurso que es escaso».
De hecho, Aguilar hizo especial hincapié en explicar que, aunque la muestra va dirigida a todo tipo de colectivos, tiene un interés especial para los escolares, «que son el futuro, y es donde tenemos que generar conciencia ecológica». Por eso, se han programado una serie de visitas guiadas para estudiantes de infantil y primaria, que se realizarán de lunes a viernes, de 12 a 14 horas, hasta el 29 de mayo.
Expo de Zaragoza
El autor de la muestra, el fotógrafo Manuel Valcárcel, explicó que la idea de hacer esta exposición surgió hace dos años, cuando se anunció que la Expo de Zaragoza iba a dedicarse al agua. Destacó que su intención era que se valorara la importancia de este elemento; y, por eso, buscó distintas localizaciones en las que el agua fuera fundamental.
Los cambios que experimenta el río Lor durante las cuatro estaciones, los arrozales chinos, el desierto de Atacama y los deshielos en Nueva Zelanda fueron algunos de los paisajes que más impresionaron a este fotógrafo, que no descarta en un futuro volver a retomar este tema. Asimismo, agradeció su colaboración en este proyecto a Alejandro González, que se encargó de la música de la muestra; a Antón Atrio, que fue el realizador, y a Augusto Pérez Alberti, que aportó la base científica a la exposición.