Las continuas caídas de tensión en una parroquia sadense obligan a sus vecinos a vivir al margen de electrodomésticos
03 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.En la casa de Tonecho las patatas se fríen en un cámping gas. En la de Carlos, el portalón automático se abre a mano. Estamos en la parroquia sadense de Osedo donde la energía eléctrica trabaja de forma caprichosa. Una treintena de casas se ven afectadas por continuas bajadas de tensión en la red, lo que provoca numerosas molestias a sus habitantes. No estamos ante un episodio más de las consecuencias del Klaus. Los vecinos afectados viven esta situación desde hace casi una década.
«Desde que llegamos hace diez años ya parpadeaban las luces», señala Carlos García. «Aquí cada casa que se hacía se suministraba desde la misma red y cada vez se ha ido perdiendo más potencia». Tanto, que en las horas punta los electrodomésticos se revelan. «Mi madre no puede hacerse café a las nueve de la mañana, se ha pasado al soluble», relata Lorena, hija de Carlos. Y Tonecho necesita cinco minutos de microondas para templar un vaso de leche. Otro vecino, Manuel, ya hace mucho tiempo que ha renunciado a la televisión en su tiempo de ocio «porque se apaga». Y a nadie en esta zona de Osedo se le ocurre poner las tres fuentes de la placa de inducción a la vez. Y la lavadora exige vigilancia permanente. No es el primer caso en que se apaga y reinicia hasta destrozar la ropa.
Además de horas punta, los vecinos están obligados a preparar nuevas estrategias en días especiales, como las fiestas navideñas. «En Nochebuena no pudimos cocinar, se nos fue la luz varias veces y tuvimos que recurrir a una cocina de leña», recuerda Lorena. Esa misma noche y en la casa de enfrente, Tonecho optó por preparar los langostinos en la barbacoa. Para freír patatas, el cámping gas «porque con la inducción se acaban cociendo». Pero en este vecindario donde la electricidad trabaja con desidia se da la paradoja de que más de un electrodoméstico ha sido fulminado por repentinas subidas de tensión. Placas de ordenador, neveras, secadoras, lavadoras no han resistido picos de 240. «Luego llega la factura de la luz y nos cobra un exceso de consumo», dicen.
Evaluación
Fenosa acudió en varias ocasiones a evaluar el problema. «Pero venían a las doce de la noche y decían que no notaban nada, claro, a esa hora con la mayoría de la gente en la cama?», indica Carlos. Y el problema se reedita cada día. La cercanía con el transformador aminora la falta de energía eléctrica. La lejanía obliga a vivir en situaciones a veces indignantes.
Los vecinos acudirán en breve a una reunión con la compañía de la luz en la que le presentarán una carta de queja. En ella, los responsables de Fenosa podrán leer frases amargas: «Nos resulta imposible llevar una vida normal ya que en contadas ocasiones los electrodomésticos funcionan correctamente». Los vecinos piden que se aumente la potencia del transformador de la zona «ya que con el aumento de la población es imposible que llegue el suministro a todas las viviendas». En llamada de este periódico, Fenosa no ofreció ninguna versión.