Está claro: cada uno tiene su ruta. En todos los barrios de A Coruña existe un bar con los mejores callos y otro con la tortilla más jugosa. La oferta es variada y la concentración de locales por metro cuadrado, alta. Vaya por delante que, además de las tapas que aparecen en las fotografías de este reportaje, en cualquier clasificación culinaria coruñesa no podrían faltar las croquetas de La bombilla, la empanada de Casa Saqués, el pulpo de O Fiuza o los chipirones encebollados del Odilo. Son lugares clásicos de la escena hostelera. O Boo, A Nova Pataca, O Secreto, O Bebedeiro y El Serrano completarían el cartel, siempre que no empecemos a hablar de postres. Algunos se han significado en los últimos concursos. Es el caso del Godoy Café (calle Alameda), que despuntó en el Petiscos Marineda de este verano; o la jamonería Bellota, que resultó ganadora del certamen de Los Rosales. Otros no se presentan a los concursos y aportan savia fresca al tapeo coruñés como el Maricastaña (Orillamar) o La Barra (Riego de Agua). Una nueva generación de locales apuesta por la originalidad en las tapas. Es el caso de A Roda, en la calle de la Torre. «Cuando empezamos hacíamos lo de todo el mundo», explica el dueño, Ramón Fernández. Cambiaron a un estilo más creativo y está funcionando. «En A Coruña la gente se empieza a atrever a hacer cosas diferentes». Las dueñas del Cürcuma (calle Marconi), Patricia y Nati Fidalgo también quisieron «huir de la tapa tradicional» y ofrecer en formato pequeño comidas que suelen ser segundos platos. «Nosotros buscamos salirnos del clásico bar de raxo y tortilla», afirma Lourdes Cejuela, del Café Godoy.