La copatrona de la ciudad llevó a cientos de personas tras su trono

A CORUÑA

Con aplausos recibieron ayer cientos de coruñeses la salida de su copatrona de la iglesia de San Nicolás. Eran las ocho y cuarto de la tarde y desde hacía cinco minutos las campanas del templo anunciaban su salida. Sorteando las vallas de las obras de reforma del atrio del templo se fue formando la comitiva de la procesión de la Virgen de los Dolores. Los músicos de la banda municipal esperaban en un lateral.

«No sé cómo van a bajar por esas escaleras», decía una madre, mientras intentaba que su crío no se colara precisamente por debajo de una de las vallas. Faltaba casi media hora para la salida y en la entrada del templo un grupo de crías intentaban abrirse paso: «Mi abuela está delante», decía una de ellas. Tres mujeres de color, peinadas con un laborioso trenzado, acompañaban el rezo del Rosario en un templo abarrotado. Una madre con tres pequeños cofrades vestidos de rojo sobre negro se adentró hasta el fondo. Vestidas de blanco, tres jovencísimas monjas orientales iban recibiendo las miradas del entorno, mientras un viejita menuda, con su cara arrugada y apoyada en una muleta buscar un hueco.

Acabado el rezo, el abarrote pasó del interior al atrio. Dos matrimonios hacían planes: ellas se iban con la procesión y ellos «a dar una vuelta por ahí».

Varias personas de protección civil, que por primera vez acompañaron la comitiva, se ubicaban en el lugar por donde saldría la imagen, para lo que se habilitó una rampa. Justo al lado, una mujer aprovechaba para vender ramos de laurel y olivo. «¿Nosotros a dónde vamos?», preguntaba un corpulento cofrade seguido de otros dos que llevaban ya puesta la capucha.

Mantillas y cañas

La presidenta de la congregación, Josefina Rivas, iba acomodando a su gente e informando: «El arzobispo vino y tuvimos la misa; estuvo González Garcés en representación del Ayuntamiento». Recordaba que la Virgen de los Dolores es la copatrona de la ciudad, que data de 1672.

Varias decenas de mujeres con mantilla fueron formando la comitiva en la calle San Nicolás, donde dos madres se afanaban en fotografiar a sus retoños que iban en la procesión.

En la Barrera algunos aguardaban la novedad de ver pasar la comitiva, entreteniendo la espera con unos vinos, o cañas, mientras en San Andrés los componentes de la coral Follas Novas tomaban posición para cantar. A las ocho y media de la tarde, en rúa Nueva ya estaba dispuesto el coro de la Once y lo propio hacían los componentes del coro del Casino. Pablo Carballido también le cantó a la Virgen en la calle Real y el recorrido de la comitiva concluyó en San Nicolás acompañada de las voces de la coral El Eco.