De cafetería y sala de exposiciones virtual a albergue para los sin techo

A CORUÑA

La base del obelisco, destinada en origen?a hostelería, sirve de refugio de indigentes

16 mar 2009 . Actualizado a las 12:02 h.

Dos colchones raídos y un par de hatillos con mantas apoyados en la pared son todo el mobiliario con el que cuentan los bajos del Millennium. A la puerta de lo que, en un principio, iba a ser un local de hostelería y turismo se amontonan las pertenencias de un grupo de indigentes que han encontrado bajo la cubierta que forma la estructura del lago un lugar donde refugiarse. «Por aquí he visto pasar de todo. Negros, gente de Europa del este y, claro, también producto nacional», asegura sonriente y con un marcado acento argentino Adrián, uno de los habitantes «ocasionales», como él se define, de la planta baja del pirulí. «Esto es un lujo. El sonido de las olas, acá al lado... Te va meciendo mientras duermes. Es muy relajante. Y además está muy bien orientado, porque el viento sopla fuerte del otro lado y aquí se está tranquilo», comenta este inquilino, aunque reconoce que todavía no le ha tocado pasar una noche con mar bravo: «No he pasado aquí tantos días para comprobarlo. Pero si se da el caso, recoges y te vas».

En un principio, este local de 280 metros cuadrados se había ideado con la intención de que albergase una sala de usos múltiples, un concepto que fue definiéndose con el tiempo: sala de exposiciones, oficina de información turística y, finalmente, cafetería desde la que contemplar las rompientes y la torre de Hércules. El Ayuntamiento daba luz verde a este proyecto hostelero en febrero del 2002, más de un año después de la inauguración del Millennium. Era, indudablemente, uno de los emplazamientos más atractivos de la ciudad para un negocio de esas características, con las espectaculares vistas sobre la bahía y hacia mar abierto y situado en una zona que, con la renovación del monte de San Pedro, el crecimiento del barrio de Los Rosales y la prolongación del paseo marítimo, veía incrementar sus posibilidades.

Pero las cosas se torcieron. La demarcación de Costas y la propia experiencia de un invierno duro, hizo que la resolución sobre el destino de este local se aplazase sine díe. De hecho, a día de hoy, desde el Ayuntamiento insisten en el estado de «desocupación» de estos bajos y aseguran que no existe por el momento ningún plan previsto que les de utilidad. Así que el Millennium seguirá sin cafetería.

Abandono

Para justificar esta situación se han alegado razones de seguridad. La cercanía de estas instalaciones a una de las rompientes más duras del litoral coruñés hizo que los ventanales sufriesen un castigo continuo. De hecho, en junio del 2006 un percebeiro fallecía tras caer al mar en esa zona.

Realmente, muchos de los paseantes habituales afirman desconocer, o al menos no recordar, esos planes iniciales de habilitar allí una cafetería. «Es que por ahí abajo no vas habitualmente. Das la vuelta al lago y sigues para arriba por el paseo», asegura Juan Martínez, vecino de la zona.

Los enormes ventanales, ideados para permitir ver desde el interior toda la fuerza del mar sucumbieron ante la violencia de algunas olas. Ahora están cubiertos totalmente por planchas de aluminio marcadas por el salitre que ocultan el interior. Los portalámparas de las entradas se muestran desnudos y oxidados; el granito de la balconada se ve, desde abajo, roto, coronando la colección de grafitos que adornan las paredes y la cortina metálica. El suelo del paseo, que rodeaba esta estructura semicircular, tiene un boquete de diez metros de longitud en el que ha desaparecido la acera. El olor a orina en la zona techada que no tiene habitantes se nota a metros de distancia: «Pero hay que dejarlo claro: No son ni los que duermen ahí ni los jóvenes. Son los viejos que vienen a pasear, que les ves bajar a toda prisa para aliviarse y después siguen su camino como si nada», asegura una mujer que lleva paseando por la zona «desde mucho antes del pirulí».

Lo más sorprendente es que, justo al otro lado del paso de peatones frente al Millennium, hay una cabina, un sanitario portátil, para tales menesteres.