«Tenemos miedo de que nos dejen en la calle», afirman las nueve familias que siguen viviendo en el barrio con cables de luz y teléfono atados con cordeles
13 mar 2009 . Actualizado a las 12:02 h.El sol del mediodía de ayer invitaba al paseo y el abuelo, con este diario bajo el brazo, miraba con curiosidad los restos del desaparecido lavadero de San Roque de Afuera. «Últimamente solo lo usaba una persona, pero claro que me acuerdo cuando las mujeres del barrio iban a lavar ahí», explicaba. Detallaba asimismo que desde hace tiempo era un refugio habitual de vagabundos y personas sin techo que incluso iban por las mañanas a lavarse allí. Hace unas semanas que lo tiraron, «es lo que pasa con todo lo viejo», murmuró el abuelo haciendo ademán de seguir su paseo hacia la plaza de Náutica y echando una última ojeada al hórreo que sigue en pie.
Mientras, Ángeles Piñeiro bajaba de su vivienda, en una casa difícil de identificar puesto que luce en su fachada tres números: 21, 23 y 39. «Tenemos miedo de que nos dejen en la calle», apunta, refiriéndose a las nueve familias que siguen viviendo en estas casas. Según indica esta mujer, en los próximos meses de mayo o junio «nos han dicho que van a tirar todo y que nos tenemos que ir, pero nosotros no queremos irnos a un sitio de manera provisional, porque luego se olvidan de ti».
Ángeles Piñeiro señalaba asimismo las precarias condiciones en las que se encuentran algunos de los servicios de estas viviendas, «ya ves que esos cables están atados con cordeles, y todos los cables en esos postes de madera». Enfrente de la casa donde vive esta mujer había otras dos que fueron demolidas a finales del mes del pasado mes de octubre, una de ellas ocupada por una octogenaria, María Luisa Gago, que, según había comentado antes de ser realojada en una residencia «en esta casa nací y he pasado mi vida». En el lugar donde estaba su vivienda, y la de otra vecina colindante que en estos meses ha fallecido, es ahora una explanada de tierra.
«En el Ayuntamiento nos dijeran que nos iban a realojar a todos, pero desde la asociación de vecinos nos dicen que en las viviendas sociales del Carmen solo quedan tres libres y somos nueve familias, que además no podemos meternos ahora en una hipoteca porque todos vivimos al día», insiste Ángeles, mientras otros vecinos de la zona observan con curiosidad atentos a cualquier noticia sobre su futuro. Por el momento solo ven como cada edificio que va quedando deshabitado es demolido a los pocos días.