Nada es, todo fluye. Lo decía el filósofo Heráclito y lo confirma Manuel Álvarez (Mugardos, 1945) 2.500 años después. Vive en un molino de Roibeira y bajo su pies discurre sin descanso el río Mendo. Cuando Manuel habla también se destapa un pozo de sabiduría.
-¿Cómo lleva lo de ver en todo momento el agua correr?
-Me acostumbré a vivir al lado del río, e incluso podría pescar desde una ventana de mi casa. En el invierno se pasa un poco de frío, pero tenemos calefacción nocturna.
-¿No teme a las crecidas?
-No, en el Mendo apenas se notan las mareas vivas. Tampoco hay aquellas crecidas que había antiguamente. Hoy el río lleva mucha agua, pero no como entonces. Llevo 18 en el molino y nunca pasamos un susto por eso.
-Es un albañil jubilado. ¿Cómo ve a los del gremio hoy día?
-Creo que están un poco mejor que antes. En mis tiempos era una profesión muy sacrificada, se trabajaba bastante más, con jornadas de diez o más horas y en ocasiones con la necesidad de cambiarnos varias veces de muda.
-Y ahora ha cambiado la paleta y la masa por las artes de la cestería.
-Nos enseña Rolando, un vecino de Betanzos, y con él aprendemos muchísimo, es un buen profesor, con carácter, pero un buen profesor.
-¿Y cuándo tendremos ocasión de ver el producto de su destreza?
-Aún nos queda mucho por aprender pero, si estás impaciente, el próximo 28 de marzo puedes ir al Palacio de los Deportes de Riazor donde nos juntaremos con decenas de palilleiras para mostrar nuestras labores.