De la Barrera a la calle de la Torre

A CORUÑA

A las doce de la noche, cuando el lunes se convirtió en martes, la calle de la Barrera definitivamente estalló. Los disfrazados se multiplicaron y, a la avanzadilla que se dio cita a primera hora, se unieron cientos de personas ondeando la bandera de la diversión. Una de las estrellas de la noche fue un luchador que surgió al más puro estilo de la luche libre mexicana. Con apenas un eslip, una máscara y un amplio repertorio gesticular acaparó todas las miradas.

También brillaron con luz propia disfraces tan originales como el dúo que iba de código de barras, un grupo caracterizado al estilo de Nueva Orleans o una pandilla de chicas metidas dentro de sus trajes de marcadores fluorescentes. Parejas de botellas de cerveza, chicos convertidos en angelitos por un día y, como no, los inevitables payasos.

Tras la Barrera, llegó el Orzán, y Monte Alto y, luego, las discotecas. La noche se estiró hasta el amanecer. De hecho, no pocos acólitos del carnaval se pudieron ver a primera hora de la mañana dirigiéndose a casa. El objetivo era dormir lo suficiente para disfrutar de la gran choqueirada de la calle de la Torre. Y así fue, cambiando la pulcritud y el cuidado de los disfraces del día anterior, muchos se pusieron las galas choqueiras y se echaron a la calle con el mismo espíritu de fiesta.

Los veteranos aseguraban que hacía tiempo que no se veía un abarrote tal. «Es porque la gente con la crisis, no le queda otra cosa que echarse a la calle y divertirse con estas cosas». Será por eso, pero lo cierto es que esa diversión lo inundó todo.