Muchas vías de la ciudad están dedicadas a personas sobre las que se discute si deberían continuar en el callejero coruñés por su vinculación militar
22 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.En la relación de nombres del callejero que ha propuesto eliminar la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica nombrada por el gobierno municipal, hay nombres con los que coinciden muchos coruñeses, pero hay otros que se prestan a discusión. Respecto a Enrique Salgado Torres (parece que finalmente se va a mantener), cierto que fue delegado provincial de Sindicatos y miembro de la Falange coruñesa (que llegó a contar con miles de afiliados), pero no menos cierto sería, que siendo director general de Vivienda (años 60), fue el máximo impulsor del desarrollo urbanístico de A Coruña y que, según el alcalde socialista Francisco Vázquez, «fue el mejor alcalde que tuvo la ciudad, sin que nunca hubiese ejercido como tal».
Enrique Salgado Torres fue quien eliminó el nudo gordiano que taponaba el acceso a la ciudad desde la avenida de Alfonso Molina, trasladando a los moradores de cientos de casas antiguas e insalubres al nuevo Barrio de las Flores, construyendo el viaducto de San Pedro de Mezonzo que entraba en Linares Rivas. A ello se unió el polígono de Elviña, con todos los servicios preparados para su ampliación, así como el de Zalaeta. A Coruña no sería lo que es hoy si Salgado Torres no hubiese sido director general de Vivienda. El alcalde vigués Rafael Portanet, le dijo un día: «Me hubiese conformado con que usted hubiese hecho en Vigo la cuarta parte de lo que ha hecho en su ciudad».
Vida y obra
Sobre la calle Comandante Barja, bien modesta además, tanto por su longitud como porque sopla mayormente un viento helador (está en Riazor y orientada al norte), también habría que discutirlo, pues es cierto que el comandante Barja de Quiroga fue el creador y jefe de la Bandera Legionaria Gallega, que combatió en varios frentes durante la Guerra Civil, pero no menos cierto fue que Barja, que era además un destacado abogado, murió en combate, pero, como asegura el historiador José Antonio Durán en un documental de Vídeo Voz rodado para la TVG ( Historias con data ), de un tiro por la espalda, o sea, desde sus propias filas. El motivo pudo estar en que Barja no era un fervoroso franquista, pues era monárquico y partidario de su restauración en España, bien en la persona de Alfonso XIII o en la de su hijo y heredero Juan de Borbón. Un hijo de Barja, militar y abogado, vinculado a la UMD que luchó desde el ejército contra la dictadura franquista, escribió una novela, titulada Las máscaras del Antroido , ambientada en Artabria (A Coruña), donde da claves para conocer el pensamiento de su padre.
La calle de la División Azul también podría prestarse a discusión, pues aunque luchó a favor de Alemania en la Guerra Mundial, su composición fue heterogénea, ya que en ella estuvieron personajes como el director de cine Luis Berlanga, el actor Luis Ciges (hijo del gobernador republicano de Ávila, Ciges Aparicio, fusilado por los franquistas) o Dionisio Ridruejo que, al volver de Rusia, se pasó a la oposición antifranquista.
A Coruña dio un laureado a esta unidad: el cabo Ponte Anido, un chaval de 20 años de edad, de familia modesta, que fue a la División porque no pudo ir a la conquista del Himalaya. Murió a 30 grados bajo cero al norte de la URSS, tras destruir con cargas explosivas varios tanques enemigos y salvar la vida de sus compañeros. Iba a las órdenes del capitán Aramburu Topete, futuro director general de la Guardia Civil el 23-F y uno de los defensores aquel día de la democracia.
Respecto a Gerardo Salvador y Merino, cierto que fue jefe de la Falange coruñesa y delegado nacional de Sindicatos, pero no menos cierto que fue cesado de este último cargo, en 1940, por masón, padeciendo destierro. Su hermano José María, jurídico militar (al que se le quita el nombramiento de hijo adoptivo), fue el presidente del Deportivo en 1941, cuando el equipo ascendió, por primera vez, a la División de Honor.
En cuanto a la plaza del Castillo de Olite , recordar que era un mercante requisado, donde metieron a 1.800 soldados gallegos, en marzo del año 1939, enviándoles, sin radiotelegrafía ni armamento, a la conquista de Cartagena, muriendo, tras ser alcanzado el buque por las baterías de costa, cerca de 1.500, muchos ahogados. La mayoría eran de reemplazo y de procedencia más bien modesta. Calificarles de franquistas sería demasiado. Fue, con diferencia, la mayor catástrofe naval de la guerra, siendo culpables de tan descabellada operación los mandos del Estado Mayor.