La Zapateira sufrió ayer el efecto de dos tornados. Uno se generó en la urbanización Mansosol y el otro en el campo del Club de Golf. En ambos hubo daños materiales
21 ene 2009 . Actualizado a las 12:43 h.La mayor sorpresa del temporal que vivió la ciudad ayer ocurrió en la Zapateira. Sobre las 12.45 dos pequeños tornados se formaron en la parte alta de la zona y dejaron una estela de daño a su paso. El primero tuvo lugar en la urbanización Mansosol. El segundo, en el Club de Golf. Afortunadamente, en ambos casos los daños se redujeron a lo material.
Testigo de uno de estos espectaculares fenómenos meteorológicos fue Daniel Abruñedo, residente en la urbanización citada. En el momento en el que la columna de viento se formaba, él paseaba su perra en el parque próximo a la residencia Rialta. «Estaba granizando muy fuerte y me metí con la perra bajo un árbol, porque el granizo caía tan fuerte que dolía. La perra se alteró y vi cómo se hacía todo allí arriba -decía mientras señalaban la parte alta de la urbanización- y bajaba en dirección a la urbanización. Empezó a levantar cosas, piedras y tejas, entonces fue cuando me di cuenta de que era un tornado. Hacía un ruido muy fuerte. Fue como en las películas; las cosas volaban y giraban en el aire».
Los daños, que además afectaron a una buena parte de la vegetación de la zona, así como las divisiones entre los jardines traseros de las viviendas, se dejaron notar en aproximadamente un tercio de las casas de la urbanización. Algunas de ellas todavía no están habitadas luciendo letreros de se alquila. «Menos mal que no había nadie por aquí, porque una maceta de esas o una piedra podría matar a una persona de lo grandes que eran», comentaba el vecino.
En la parte más baja de la urbanización, el tornado también dejó su rastro destructor en un muro. Se trata del que rodea el jardín comunitario en el que juegan los niños más pequeños. Lo coronan dos filas de ladrillos unidas por cemento. La junta no aguantó la virulencia del viento y se despegó, dejando el muro en un zigzag. .
El fenómeno meteorológico duró poco. «Sobre unos cinco minutos aproximadamente» según el joven. Este vio también cómo derribó dos árboles. Uno de ellos, bloqueó la carretera que enlaza la zona con Vilaboa.